¿Cuántas veces se puede extinguir una especie? Dos veces, y una es la definitiva, señala estudio

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¿Cuántas veces se puede extinguir una especie? Dos veces, y una es la definitiva, señala estudio

En teoría biológica, una especie se considera extinta cuando el último individuo ha muerto. Pero también pueden extinguirse de otra forma: desapareciendo de la memoria colectiva y del conocimiento cultural. Esta es una forma de extinción social, y aunque no es una consideración común, investigadores han profundizado en la severidad de este fenómeno.

Para llegar a una conclusión, Josh Firth y sus colegas analizaron docenas de estudios previos, identificando factores como la importancia simbólica o cultural de una especie. Además, estudiaron cuánto tiempo vivió una especie y qué tan fuerte era su conexión con las comunidades humanas.

Morir en el olvido

Las extinciones sociales y biológicas, ocurren a veces al mismo tiempo, pero según los científicos, las sociales ocurren, generalmente, después de la extinción biológica.

Un claro ejemplo son las plantas medicinales, que se mantienen en la memoria colectiva a través de las tradiciones, pero que pueden ir desapareciendo conforme se sustituyan por alternativas sintéticas.

Por supuesto que, desde una perspectiva social, las especies no tienen una presencia desde sus inicios. En ocasiones la presencia social que consiguen es tan fuerte que les permite seguir existiendo incluso luego de desaparecer de los ecosistemas.

«Las especies pueden seguir siendo conocidas colectivamente después de su extinción, hasta volverse más populares», comenta el biólogo conservacionista Uri Roll de la Universidad Ben-Gurion del Negev. «Sin embargo, nuestra conciencia y memoria de tales especies se transforma gradualmente y, a menudo, se vuelve inexacta, estilizada o simplificada, desvinculándose de la especie real».

Memoria viva

El estudio publicado en Trends in Ecology and Evolution, asegura que existe un vínculo entre la extinción social y el apoyo para la conservación de la biodiversidad.

«Las extinciones sociales alcanzan a afectar los esfuerzos de conservación destinados a proteger la biodiversidad ya que pueden disminuir nuestras expectativas sobre el medio ambiente y nuestras percepciones de su estado natural, como cuál es el estándar o si está relativamente saludable», explica Josh Firth, investigador de la Universidad de Oxford.

Por ello, es importante conservar la memoria y los registros de las especies extinguidas para percatarnos de lo perdido.

Las actividades humanas que perjudican la biodiversidad y la, cada vez más extendida, falta de conexión con la naturaleza, promueven una deuda de extinción social. Es muy probable que se produzcan muchos más casos de este tipo de desaparición. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Ser la memoria viva de las plantas, animales y todos los seres vivos, lo que implica conocerlos, valorarlos y protegerlos.

«Mantener la conciencia de las especies y sus amenazas también tiene consecuencias cognitivas y emocionales para los individuos», escriben los autores. «Resolver estos problemas requerirá enfoques multidisciplinarios que vayan más allá de la ecología y la biología de la conservación».