Hace unos 14 300 años, algo gigantesco ocurrió en el espacio y fue tan potente que dejó huella en la Tierra. Literalmente quedó grabado en árboles y en el hielo antiguo.
Científicos encontraron señales claras de ese evento en troncos fosilizados y núcleos de hielo. Todo apunta a una tormenta solar descomunal, ocurrida alrededor del año 12 350 a. C.
La investigación fue publicada en Earth and Planetary Science Letters y usó un modelo climático y químico especializado llamado SOCOL:14C-Ex para rastrear el origen del fenómeno.
El equipo, liderado por la física espacial Kseniia Golubenko de la Universidad de Oulu, en Finlandia, concluyó que fue la mayor tormenta geomagnética registrada hasta ahora.
Para tener una idea: comparada con la tormenta de partículas solares de 2005 (la más grande de la era satelital), esta antigua fue más de 500 veces más intensa.
Las tormentas geomagnéticas vienen del Sol. Cuando este lanza una eyección de masa coronal, millones de toneladas de plasma viajan al espacio a toda velocidad.
Si esas partículas chocan con el campo magnético de la Tierra, pueden causar auroras espectaculares… pero también mucho caos, especialmente hoy con tanta tecnología.
Ahora bien, estas tormentas también dejan rastro en forma de carbono-14, un isótopo radiactivo que se genera cuando partículas del espacio golpean la atmósfera.
Ese carbono se fija en árboles, plantas y animales. Como sabemos cuánto tarda en descomponerse, se puede usar para datar con precisión un evento pasado.
En este caso, los científicos detectaron un pico anormal de carbono-14 en los anillos de árboles antiguos. Eso les dio la fecha exacta del suceso.
No es la primera vez que encuentran eventos así. Se han registrado tormentas grandes en los años 774, 994, y otras más antiguas, pero ninguna como esta.
Lo que hace especial a la del 12 350 a. C. es que ocurrió fuera del Holoceno, la era de clima estable en la que vivimos desde hace unos 12 000 años.
Para analizarla, los científicos primero probaron su modelo con el evento de 774 d. C. Como funcionó bien, lo aplicaron a esta tormenta más lejana en el tiempo.
Así pudieron estimar la fuerza, duración y efectos en la Tierra. Resultado: fue la tormenta solar más intensa que conocemos hasta ahora.
Golubenko lo resume así: «Este evento marca un nuevo escenario extremo. Entender su magnitud es clave para prepararnos ante futuras tormentas solares.»
Y no es un tema menor. Una tormenta así hoy podría dañar satélites, redes eléctricas y sistemas de comunicación en todo el mundo.
Ya pasó antes: en 1859, el famoso Evento Carrington hizo colapsar telégrafos y provocó incendios. En 1989, otra tormenta apagó redes eléctricas enteras.
Este nuevo hallazgo no solo reescribe lo que sabíamos del Sol, también nos recuerda lo vulnerable que es nuestra tecnología ante estos eventos cósmicos.




