Durante décadas, los conservantes han sido los aliados silenciosos del supermercado. Ayudan a que el pan, las carnes procesadas y muchos productos duren más.
Pero un nuevo estudio sugiere que algunos de esos aditivos tan comunes podrían tener un costo inesperado: más riesgo de presión alta y enfermedad cardiovascular.
El trabajo se llama “Preservative food additives, hypertension, and cardiovascular diseases: the NutriNet-Santé study” y fue publicado en European Heart Journal.
La investigación fue liderada por Mathilde Touvier, del instituto francés INSERM, y Anaïs Hasenböhler, investigadora doctoral en epidemiología nutricional en Francia.
Ellas explican que estos conservantes aparecen en muchísimos alimentos industriales, pero todavía faltaban datos claros sobre sus efectos en humanos.
Para investigarlo, usaron información del gran estudio francés NutriNet-Santé, que sigue la dieta y la salud de miles de personas durante años.
En total analizaron a 112.395 voluntarios de Francia. Cada seis meses, ellos reportaban todo lo que comían y bebían durante tres días.
Los investigadores no solo miraron si alguien comía pan, embutidos o comidas preparadas. Revisaron los ingredientes concretos, incluidos los conservantes añadidos.
Luego siguieron la salud de los participantes durante unos siete u ocho años, buscando casos de presión alta y enfermedades cardiovasculares.
Un dato llamativo fue que el 99,5% de los voluntarios había consumido al menos un conservante durante los primeros dos años.
Después compararon a quienes consumían más conservantes con quienes consumían menos. Ahí aparecieron asociaciones que llamaron la atención de los investigadores.
Las personas que más consumían conservantes no antioxidantes tuvieron un 29% más riesgo de hipertensión y un 16% más riesgo de enfermedad cardiovascular.
Estos conservantes no antioxidantes suelen usarse para frenar el crecimiento de microbios, como bacterias y mohos, que pueden arruinar los alimentos.
También revisaron los conservantes antioxidantes, que evitan que la comida se oxide, cambie de color o se vuelva rancia con el tiempo.
Quienes consumían más de estos antioxidantes tuvieron un 22% más riesgo de hipertensión, según los datos del seguimiento realizado.
El equipo también analizó 17 conservantes comunes. Ocho aparecieron asociados con presión alta, entre ellos nitrito de sodio y sorbato de potasio.
También aparecieron el ácido ascórbico, el ascorbato de sodio, el eritorbato de sodio, el ácido cítrico y el extracto de romero.
El ácido ascórbico, conocido como vitamina C cuando hablamos del nutriente, también apareció asociado específicamente con enfermedad cardiovascular en este análisis.
Pero hay que tener cuidado: este tipo de estudio observa asociaciones. No demuestra, por sí solo, que los conservantes causen directamente esas enfermedades.
Aun así, los autores creen que los resultados justifican revisar mejor estos aditivos, sobre todo porque están presentes en tantos productos cotidianos.
Mientras se investiga más, la recomendación práctica no suena tan sorprendente: priorizar alimentos frescos o poco procesados y evitar aditivos innecesarios.
Ahora los científicos quieren entender qué ocurre dentro del cuerpo: inflamación, estrés oxidativo, metabolismo y cambios en las bacterias intestinales.
La idea no es entrar en pánico cada vez que veas una etiqueta, sino recordar que lo ultraprocesado nunca viene solo.




