Durante décadas, los ingenieros espaciales han tenido una gran limitación: el tamaño de los cohetes. Todo debía plegarse para caber dentro, lo que hacía el montaje en órbita lento y carísimo.
La Estación Espacial Internacional, el mayor objeto construido fuera de la Tierra, necesitó decenas de lanzamientos y costó más de 100 mil millones de dólares. Y una vez montada, no se podía modificar.
Tesserae
Ahora, la empresa Rendezvous Robotics quiere romper con esas reglas. Según su cofundador Joe Landon, los diseñadores espaciales siempre han estado atados por el tamaño del cohete y por el tipo de satélite en el que montan su carga.
Las misiones actuales necesitan equipos más grandes: antenas enormes, más potencia y, por tanto, radiadores más amplios. Rendezvous busca resolver eso con robots autónomos y magnetismo, no con astronautas o brazos robóticos.
Su tecnología se llama tesserae: baldosas modulares y planas que se lanzan apiladas y se ensamblan magnéticamente en el espacio. Pueden reorganizarse con solo una orden de software.
Estas piezas se comunican entre sí, se alinean y se enganchan solas. Si se quiere modificar una estructura, basta con enviar un comando para que se desarmen y vuelvan a acoplarse.
Cada baldosa tiene el tamaño de un plato y un grosor de unos pocos centímetros. Incluyen su propio procesador, sensores y batería. Son simples y baratas de fabricar en masa.
La tecnología fue creada por Ariel Ekblaw en el MIT y desarrollada en el Aurelia Institute, una organización sin fines de lucro que ella fundó. Luego se unieron Phil Frank, experto en telecomunicaciones, y Joe Landon, veterano del sector espacial.
Las pruebas
Rendezvous se formó oficialmente en 2024. Desde entonces, su equipo ha estado promoviendo esta nueva forma de construir estructuras en el espacio.
La compañía recaudó tres millones de dólares en una ronda de inversión inicial liderada por Aurelia Foundry y 8090 Industries, además de otros fondos y ángeles inversionistas.
El dinero servirá para contratar personal y llevar la tecnología de los prototipos a un producto real en órbita. Primero apuntan a misiones donde el tamaño físico mejore el rendimiento, como antenas o paneles solares gigantes.
En el sector comercial, piensan en misiones de comunicaciones que requieran antenas grandes para conectar con dispositivos pequeños en la Tierra. En defensa, en sistemas de observación más precisos.
Los primeros prototipos ya volaron con Blue Origin y en dos misiones de la Estación Espacial Internacional, donde demostraron ensamblarse, corregirse y reconfigurarse solos.
El siguiente paso es una nueva prueba en la ISS en 2026 y otra fuera de ella en 2027, con una misión real: construir una antena en órbita. Como dice Landon: “No estamos construyendo algo específico, sino una nueva forma de construir”.





