Los microplásticos pueden propagar patógenos peligrosos, advierten los científicos

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Los microplásticos pueden propagar patógenos peligrosos, advierten los científicos

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Científicos de varios países intentan medir qué tan grave es la contaminación por microplásticos y qué efectos reales puede tener sobre la salud humana y ambiental.

Un nuevo estudio advierte que estos fragmentos diminutos no solo dañan por sí mismos, sino que además pueden transportar otros contaminantes peligrosos.

Investigadores del Reino Unido descubrieron otro problema inquietante: los microplásticos sirven como base para biofilms microbianos que se adhieren y crecen.

Estos biofilms, llamados plastisferas, crean un hogar perfecto para bacterias dañinas y les facilitan sobrevivir, multiplicarse y viajar largas distancias.

El riesgo es serio porque esas bacterias pueden entrar en la cadena alimentaria o propagar resistencia a antibióticos, complicando infecciones y tratamientos médicos.

Pennie Lindeque explicó que los microplásticos actúan como vehículos para patógenos y bacterias resistentes, aumentando su supervivencia y su capacidad de dispersión.

El equipo colocó pequeños pellets plásticos y fragmentos de poliestireno en distintos puntos del río Truro, en el suroeste de Inglaterra.

Eligieron zonas con distintos niveles de limpieza del agua, según su cercanía a un hospital y a una planta de tratamiento de aguas residuales.

También sumergieron vidrio, madera y bioesferas plásticas usadas para limpiar agua, que resultan problemáticas cuando se escapan de las plantas.

Tras dos meses, analizaron las bacterias adheridas y notaron que el lugar influyó más que el material, aunque los plásticos mostraron riesgos claros.

Los microplásticos concentraron muchos más genes de bacterias resistentes a medicamentos que la madera o el vidrio, algo preocupante para la salud pública.

Además, detectaron patógenos como Flavobacteriia y Sphingobacteriia sobre microplásticos aguas abajo, incluso donde esas bacterias casi no estaban en el agua.

Aimee Murray señaló que esto demuestra que los microplásticos no son solo basura, sino actores activos en la propagación de resistencia antimicrobiana.

Los autores piden estrategias conjuntas entre ciencia, salud e industria para frenar la contaminación plástica y proteger ecosistemas y personas.

También quieren ampliar los muestreos y probar más condiciones ambientales, para entender mejor cómo cambian estos riesgos según el entorno.

El mensaje es claro: el problema no es solo la toxicidad del plástico, sino su papel como criadero móvil de bacterias.

Esto afecta tanto a la vida silvestre como a las personas, especialmente en lugares donde los plásticos se acumulan sin control.

Emily Stevenson recomendó que quienes limpian playas usen guantes y se laven bien las manos, porque el contacto directo implica riesgos.

Estos hallazgos refuerzan la urgencia de controlar el uso y la fuga de plásticos antes de que el daño sea mayor.

El estudio científico se publicó en la revista Environment International y aporta pruebas sólidas de que los microplásticos también representan un riesgo biológico.

El trabajo se realizó con expertos de la Universidad de Exeter y el Plymouth Marine Laboratory, combinando microbiología, ecología y análisis ambiental.

Los científicos insisten en que reducir plástico en origen es clave; una vez en ríos y mares es difícil retirarlo.

Mientras tanto, alertan que entender estos procesos ayuda a tomar mejores decisiones públicas y personales frente a un problema que ya nos rodea.