La demencia vascular es uno de los tipos más comunes de demencia, pero sigue siendo poco estudiada y mal entendida en comparación con otras, como el Alzheimer.
Elaine Bearer, neuropatóloga de la Universidad de Nuevo México, quiere cambiar eso. Propuso nuevas formas de clasificar esta enfermedad según los cambios reales que ocurren en el cerebro.
Su estudio fue publicado en The American Journal of Pathology. Ahí detalla cómo distintos daños en los vasos sanguíneos del cerebro podrían causar distintos tipos de demencia vascular.
Usando un método avanzado de microscopía, Bearer y su equipo observaron cosas que antes no se podían ver, como microplásticos dentro del cerebro humano.
Ella dice que, hasta ahora, estábamos “volando a ciegas”. No sabíamos exactamente qué estábamos tratando porque las lesiones vasculares no se habían definido bien.
Tampoco sabíamos que había plásticos tan pequeños metidos en los tejidos cerebrales. Gracias a su técnica, pudieron detectarlos.
Analizando su trabajo y el de otros científicos, Bearer clasificó varios procesos de enfermedad que afectan al flujo sanguíneo cerebral y que podrían estar detrás de la demencia vascular.
Encontraron arterias engrosadas, pequeños sangrados y microinfartos que dañan a las neuronas. Cada uno representa un tipo distinto de daño cerebral.
Esta nueva forma de clasificar busca guiar futuros estudios para entender mejor cómo afecta el daño vascular al desarrollo de las demencias.
Además, encontraron similitudes entre la demencia vascular y el Alzheimer. Por ejemplo, en ambos aparece la proteína amiloide beta en formas anormales.
Esto sugiere que algunas formas de demencia podrían compartir causas o seguir caminos similares, lo que podría ayudar a diseñar mejores tratamientos.
Una de las cosas más sorprendentes es la presencia de plásticos microscópicos en el cerebro. Estas partículas están en todos lados, pero nadie pensaba que llegaban tan lejos.
Todavía no está claro qué tanto daño causan, pero Bearer encontró más plásticos en cerebros con demencia que en cerebros sanos.
Según ella, esto podría estar relacionado con la gravedad y el tipo de demencia. Es decir, no son solo un contaminante más: podrían estar alterando el cerebro.
«Los nanoplásticos son un nuevo jugador en las enfermedades cerebrales», dice Bearer. Esto obliga a replantear lo que sabemos del Alzheimer y otras demencias.
Aunque la demencia vascular se conoce desde el siglo XIX, otras formas más fáciles de diagnosticar han acaparado la atención de los científicos.
Pero ahora, con este nuevo enfoque, se abre la puerta a entender mejor por qué algunas personas son más vulnerables que otras.
Y, lo más importante, qué podemos hacer al respecto. Porque entender bien lo que pasa en el cerebro es el primer paso para encontrar una solución.





