Un nuevo estudio sugiere que la Tierra es responsable del óxido que se ha encontrado en la Luna. El culpable: el oxígeno que se escapa de nuestra atmósfera.
Investigadores liderados por Xiandi Zeng, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Macao, descubrieron que ese oxígeno puede oxidar el hierro lunar y formar hematita, un tipo de óxido de hierro.
Lo curioso es que la Luna no tiene oxígeno ni una atmósfera como la nuestra. Solo una exosfera muy delgada, así que nadie esperaba encontrar señales de oxidación allí.
Además, la Luna está constantemente bombardeada por el viento solar, rico en hidrógeno. El hidrógeno normalmente impide que ocurra la oxidación porque actúa como un agente reductor.
Pero durante la Luna llena, algo cambia. La Tierra bloquea el viento solar y la Luna queda expuesta a lo que se llama la «cola magnética» terrestre.
En esa zona, partículas de oxígeno se escapan de la atmósfera de la Tierra y chocan contra la superficie lunar. Y lo hacen durante unos cinco días cada mes.
Ese período de “ventilación de oxígeno” sin tanto hidrógeno crea el ambiente perfecto para que se oxide el hierro que hay en el regolito lunar.
En el laboratorio, los científicos simularon este proceso. Dispararon iones de oxígeno contra minerales ricos en hierro, similares a los que hay en la Luna.
Usaron minerales como ilmenita, troilita, piroxeno, olivino y también una meteorita metálica. Querían ver cuál respondía mejor al contacto con el oxígeno.
Descubrieron que el oxígeno transformó especialmente bien el hierro metálico, mientras que los silicatos como el olivino y el piroxeno no formaron hematita en absoluto.
Esto indica que el proceso es selectivo: no todo el hierro se oxida igual. El hierro metálico es el más vulnerable al oxígeno que viene de la Tierra.
Para ver si el viento solar puede revertir este efecto, bombardearon la hematita con iones de hidrógeno. A baja energía (como el viento solar real), no logró revertir nada.
Pero con hidrógeno de alta energía, como el que se encontraría en otras condiciones, sí lograron reducir la hematita y generar agua como subproducto.
Eso podría explicar por qué la hematita lunar se encuentra cerca del agua. El agua no la formó, sino que es resultado de su reducción.
La mayor concentración de hematita en los polos lunares también tiene sentido. La cola magnética de la Tierra canaliza los iones de oxígeno hacia esas zonas.
Este descubrimiento sugiere que la Luna ha estado absorbiendo oxígeno de la Tierra por más de 4 mil millones de años. Una especie de “huella” de nuestra atmósfera.
La hematita lunar podría incluso contener pistas sobre eventos antiguos como la Gran Oxidación, ocurrida hace unos 2.400 millones de años.
Este hallazgo abre nuevas preguntas sobre cómo la Tierra y la Luna han estado químicamente conectadas. El estudio fue publicado en Geophysical Research Letters.





