Ingenieros crean dron inspirado en una semilla

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Ingenieros crean dron inspirado en una semilla

Modelo de dron inspirado en semillas de sàmara. / SUTD

Hace diez años, un grupo de investigadores en Singapur decidió construir un dron que pudiera volar 50 minutos. Lo lograron, pero el aparato resultó pesado y muy complejo.

Con el tiempo, el profesor asociado Foong Shaohui, de la Universidad de Tecnología y Diseño de Singapur (SUTD), cambió de estrategia: en vez de hacerlo grande, buscó hacerlo simple y eficiente. 

Semillas voladoras 

La clave estuvo en mirar a la naturaleza. Foong se inspiró en las samaras, esas semillas de arce que giran suavemente mientras caen, aprovechando al máximo el aire para mantenerse.

A partir de esa idea, crearon un monocóptero ligero, con solo un motor y un ala en espiral, capaz de volar 26 minutos seguidos sin perder estabilidad. 

Eso es mucho más que otros drones de su tamaño. Normalmente, mientras más pequeños son, menos eficientes se vuelven. Aquí ocurrió lo contrario: redujeron el tamaño y mejoraron el rendimiento.

El monocóptero pesa apenas 32 gramos. No necesita engranajes, partes que aleteen ni sistemas complicados. La simplicidad de su estructura es la clave de su eficiencia.

Para diseñarlo, el equipo combinó teoría aerodinámica clásica con modelos de rendimiento. Además, usaron algoritmos de optimización que ajustaron ángulos, forma de alas y distribución de masa.

El resultado fue un dron con una relación potencia-peso sobresaliente: 9,1 gramos por watt. En su categoría, supera con holgura a otros vehículos aéreos del mismo tamaño. 

Barato y adaptable 

El investigador Cai Xinyu lo resume bien: demostraron que un robot aéreo diminuto puede lograr la resistencia de sistemas mucho más grandes. En pocas palabras, el tamaño ya no limita.

Y lo mejor: su simplicidad lo hace barato y adaptable. Podría usarse en misiones largas de bajo costo, como radiosondas para medir el clima y monitorear la atmósfera.

Aunque hoy usan componentes comerciales, la idea es desarrollar piezas personalizadas en el futuro. Así podrán aumentar la carga útil y extender aún más el tiempo de vuelo.

Incluso planean experimentar con materiales avanzados y alas inspiradas en otras formas biológicas, para seguir empujando los límites de lo que un dron tan pequeño puede lograr.

Este avance también conecta con la historia del equipo. En 2015 hicieron el SG50, un gran cuadricóptero. Ahora buscan que el SG60, un monocóptero, vuele más de una hora.

La comparación es brutal: el antiguo dron era grande y pesado. El nuevo es más pequeño, más eficiente y más del doble de potente en términos de uso de energía.

Normalmente la eficiencia mejora cuando se escala hacia arriba. Aquí la rompieron: lograron que al reducir el tamaño, el sistema rindiera todavía mejor.

Foong lo explica simple: se trata de comprender la física, modelarla correctamente y aplicar ese conocimiento con diseño inteligente y ayuda de inteligencia artificial.

Para él, es una muestra de cómo unir creatividad humana y herramientas digitales. Así nacen soluciones listas para el futuro, inspiradas en la naturaleza y potenciadas con tecnología.