La NASA acaba de descartar que el asteroide 2024 YR4 choque contra la Luna en 2032. La actualización se basa en nuevas observaciones del telescopio espacial James Webb y cálculos del CNEOS del JPL.
Durante un tiempo sí existió una pequeña duda. No era una amenaza enorme, pero la trayectoria todavía tenía suficiente incertidumbre como para dejar abierta una posibilidad de impacto lunar.
Eso ya cambió. Con los nuevos datos recogidos el 18 y el 26 de febrero, los especialistas pudieron afinar mucho mejor la órbita de esta roca espacial.
Ahora calculan que el 22 de diciembre de 2032 el asteroide pasará a unos 13 200 millas de la superficie lunar. Eso equivale a unos 21 200 kilómetros de distancia.
Dicho de forma simple, va a pasar cerca en términos astronómicos, pero no lo suficiente como para golpear la Luna. La posibilidad de choque quedó descartada.
Antes de estas mediciones, algunos análisis estimaban una probabilidad de impacto lunar de 4,3 %. No era alta, pero sí lo bastante llamativa como para captar atención.
Este tipo de situaciones no es raro cuando se descubre un asteroide cercano. Al principio hay pocos datos, y con poca información cualquier proyección tiene márgenes amplios de error.
2024 YR4 fue detectado a finales de 2024 por ATLAS en Chile, un sistema de vigilancia diseñado justamente para encontrar objetos que podrían acercarse a la Tierra.
A comienzos de 2025, la incertidumbre era todavía mayor. En ese momento, los astrónomos incluso contemplaron una posibilidad muy pequeña de impacto contra la Tierra.
Ese escenario terrestre se descartó bastante rápido. Pero la opción de un choque con la Luna siguió viva durante más tiempo porque la trayectoria todavía no estaba completamente cerrada.
Luego apareció otro problema: el asteroide se volvió demasiado débil para observarlo con telescopios convencionales mientras seguía su recorrido por el sistema solar.
Por eso fue clave el James Webb. Su cámara de infrarrojo cercano logró recuperar el objeto el mes pasado y aportar las observaciones que faltaban para refinar la órbita.
Cuando se habla de asteroides, mucha gente piensa que los científicos no saben bien lo que hacen. En realidad, este proceso de corregir trayectorias es completamente normal.
Primero se hacen estimaciones preliminares. Después llegan más observaciones, se reduce la incertidumbre y casi siempre las probabilidades de impacto bajan hasta desaparecer por completo.
Ya pasó con Apophis, uno de los asteroides más famosos de las últimas décadas. Cuando fue descubierto en 2004, también generó preocupación por un posible choque con la Tierra.
Se llegó a hablar de impactos en 2029 o incluso en 2036. Pero nuevas observaciones, especialmente las de 2013, eliminaron esas posibilidades y cerraron el caso.
Con 2024 YR4 ocurrió algo parecido, solo que esta vez la atención terminó centrándose más en la Luna que en nuestro planeta. La historia sonaba espectacular, pero no prosperó.
Y tenía sentido que llamara la atención. Se estima que este asteroide mide unos 61 metros de diámetro, más o menos como un edificio de 15 pisos.
Un objeto así, si hubiera chocado con la Luna, podría haber excavado un cráter de alrededor de 2 kilómetros de ancho y lanzado muchísimo material al espacio cercano.
Algunos expertos incluso plantearon que la explosión habría podido verse desde la Tierra a simple vista y que parte de los escombros podría haber producido lluvias de meteoros.
Pero no habrá espectáculo. Para quienes esperaban fuegos artificiales lunares, la noticia es menos emocionante. Para la astronomía planetaria y la defensa espacial, en cambio, es justo lo deseable.





