Científicos podrían haber resuelto dos de los mayores problemas de la energía de fusión a la vez

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Científicos podrían haber resuelto dos de los mayores problemas de la energía de fusión a la vez

ITER

Dentro de un reactor de fusión, la materia alcanza temperaturas más altas que las del Sol y queda atrapada por campos magnéticos potentísimos.

El problema es que ese plasma, que es un gas extremadamente caliente y cargado eléctricamente, no se deja controlar tan fácilmente.

Para que la fusión sirva como fuente de energía, los científicos necesitan mantener ese plasma estable durante mucho tiempo.

Y ahí aparecen dos grandes dolores de cabeza: el calor que golpea las paredes y las explosiones repentinas en el borde del plasma.

Un equipo del Instituto de Física de Plasma de China probó una nueva forma de controlar esto en el reactor experimental EAST.

El trabajo, publicado en Physical Review Letters, describe un régimen llamado Detached divertor and Turbulence-dominated Pedestal, o DTP.

Dicho de forma simple, los investigadores lograron reducir el calor dañino, eliminar ciertas inestabilidades y mantener buen confinamiento de energía al mismo tiempo.

Esto importa porque los reactores de fusión no solo deben alcanzar temperaturas extremas. También deben sobrevivir a esas temperaturas.

Una parte muy vulnerable es el divertor, una especie de sistema de escape que recibe calor y partículas que salen del plasma.

Si ese calor llega con demasiada intensidad, puede erosionar los materiales del reactor y acortar muchísimo su vida útil.

Para evitarlo, los científicos suelen inyectar pequeñas cantidades de gases llamados impurezas, que ayudan a enfriar la zona del divertor.

Ese enfriamiento puede hacer que el plasma se separe parcialmente de la superficie, reduciendo el impacto directo del calor.

Pero si enfrías demasiado, también puedes empeorar el rendimiento del plasma. Es como bajar la intensidad justo cuando necesitas mantenerla alta.

El otro problema son los llamados modos localizados en el borde, o ELMs, unas erupciones súbitas de calor y partículas.

Se parecen un poco a pequeñas llamaradas solares dentro del reactor, pero golpeando componentes que deben mantenerse intactos durante operaciones largas.

Estos ELMs aparecen en plasmas de alto confinamiento, que son justamente los que más interesan porque retienen mejor la energía.

Entonces el reto era muy difícil: eliminar esas erupciones sin perder la capacidad de mantener el plasma caliente y bien confinado.

En EAST, los investigadores ajustaron en tiempo real la entrada de gases ligeros para controlar con precisión el borde del plasma.

Así consiguieron una separación parcial en el divertor, reduciendo el calor que llegaba a las placas internas del reactor.

Al mismo tiempo, eliminaron los ELMs y mantuvieron una buena temperatura electrónica en el borde, lo que ayudó al confinamiento.

La combinación funcionó porque el diseño cerrado del divertor ayudó a atrapar y retirar partículas neutras del sistema.

Eso evitó que el borde del plasma se enfriara demasiado y permitió mantener un gradiente de temperatura más fuerte.

Ese gradiente generó microturbulencia, que suena mal, pero en este caso ayudó a mover calor y partículas hacia afuera.

Gracias a ese transporte natural, la presión no se acumuló peligrosamente en el borde y las erupciones tipo ELM desaparecieron.

Lo más notable es que este estado se sostuvo durante aproximadamente un minuto en un entorno con paredes metálicas.

Un minuto puede parecer poco, pero en física de fusión representa un paso importante hacia operaciones largas y estables.

Todavía falta muchísimo para tener centrales de fusión comerciales, pero este resultado ataca varios problemas difíciles a la vez.