Científicos del MIT y la Universidad de Stanford presentaron una nueva forma de activar el sistema inmune para que detecte y ataque células cancerosas con mayor eficacia.
La idea busca ampliar el alcance de la inmunoterapia, ya que hoy solo funciona bien en algunos pacientes, mientras muchos otros no obtienen beneficios claros.
El trabajo explica una estrategia para desactivar un freno biológico que los tumores usan para esconderse del sistema inmune y crecer sin ser atacados.
Ese freno funciona gracias a los glicanos, unas moléculas de azúcar que cubren la superficie de las células cancerosas y confunden a las defensas del cuerpo.
Los investigadores descubrieron que, si se bloquean esos glicanos, la respuesta inmune contra el tumor se vuelve mucho más fuerte y efectiva.
Para lograrlo, diseñaron unas proteínas híbridas llamadas AbLecs, que combinan un anticuerpo dirigido al cáncer con una molécula capaz de unirse a glicanos.
Jessica Stark, investigadora principal del estudio, explica que estas proteínas bloquean puntos de control inmunes basados en glicanos y refuerzan el ataque del sistema inmune.
Stark lideró el trabajo desde el MIT, junto con Carolyn Bertozzi en Stanford, y los resultados se publicaron en la revista Nature Biotechnology.
La inmunoterapia intenta entrenar al sistema inmune para reconocer tumores, algo parecido a quitarle una venda para que vea al enemigo con claridad.
Un ejemplo conocido son los inhibidores de puntos de control como PD-1 y PD-L1, que liberan frenos usados por el cáncer para sobrevivir.
Estos tratamientos funcionan muy bien en algunos casos y logran remisiones largas, pero en muchos pacientes simplemente no producen efecto alguno.
Por eso, los científicos buscan otros frenos inmunológicos que los tumores aprovechan, y uno de los más importantes involucra glicanos y receptores inmunes.
Algunos glicanos tumorales contienen ácido siálico, que al unirse a receptores llamados Siglecs en células inmunes apaga la respuesta defensiva.
Ese contacto les dice a las células inmunes que no ataquen, algo muy parecido a lo que ocurre con otros puntos de control ya conocidos.
Hasta ahora no existen terapias aprobadas que bloqueen esta interacción Siglec–ácido siálico de forma efectiva y selectiva.
El problema era que las lectinas, que pueden unirse a esos glicanos, no se adhieren con suficiente fuerza por sí solas.
La solución fue unirlas a anticuerpos muy precisos, capaces de llevarlas directamente a la superficie de las células cancerosas.
Una vez allí, las lectinas bloquean los glicanos y liberan el freno, permitiendo que macrófagos y células NK ataquen al tumor.
En el laboratorio, estas proteínas híbridas lograron reprogramar células inmunes para destruir células cancerosas de manera más eficiente.
En pruebas con ratones, el tratamiento redujo las metástasis pulmonares más que un anticuerpo convencional usado solo.
Además, el sistema es modular, lo que permite cambiar anticuerpos y lectinas según el tipo de cáncer y su forma de evadir al sistema inmune.
Esta flexibilidad abre la puerta a terapias más personalizadas, capaces de adaptarse a distintos tumores y mejorar la respuesta inmunológica.





