Una ballena beluga mostró un signo de inteligencia que antes se creía exclusivo de los humanos

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Una ballena beluga mostró un signo de inteligencia que antes se creía exclusivo de los humanos

Las ballenas beluga han demostrado una inteligencia notable en numerosos estudios. (Marine Mind/Abigail Carleen Dahl, CC-BY 4.0)

Hace más de 20 años, cuatro belugas hembras vivían juntas en el Acuario de Nueva York, administrado por la Wildlife Conservation Society.

Tres de ellas, Kathy, Marina y Natasha, habían sido capturadas en estado salvaje. La cuarta, Maris, nació allí en 1994.

Esa situación les dio a varios científicos, entre ellos Diana Reiss, una oportunidad rara para probar algo muy interesante: el reconocimiento en espejo.

El estudio sobre estas belugas fue publicado en PLOS One, aunque los experimentos se hicieron décadas antes y recién ahora se analizaron formalmente.

La prueba del espejo busca saber si un animal entiende que la imagen reflejada es él mismo y no otro individuo.

En humanos parece obvio. Si ves una mancha en tu cara frente al espejo, sabes que está en tu propio rostro.

Por eso, los científicos usan marcas visibles solo con espejo para estudiar si ciertos animales tienen algún nivel de autoconciencia.

Chimpancés, delfines, elefantes, urracas y hasta algunos peces limpiadores han mostrado comportamientos compatibles con este tipo de reconocimiento.

Las belugas eran buenas candidatas porque son animales sociales, tienen cerebros complejos, se comunican mucho y pueden imitar sonidos de otras especies.

De hecho, las belugas pueden imitar sonidos humanos y de delfines nariz de botella, algo que sugiere una gran sensibilidad social.

Como los investigadores no pudieron repetir el estudio con más belugas, digitalizaron las cintas originales y revisaron cuidadosamente el comportamiento grabado.

Durante las pruebas, las belugas siguieron viviendo juntas en sus piscinas habituales, porque separarlas podía alterar demasiado su conducta normal.

Las ventanas para visitantes se convirtieron temporalmente en espejos unidireccionales. Así, los científicos podían observarlas sin que ellas supieran que las miraban.

Primero buscaron conductas llamadas “pruebas de contingencia”: movimientos para comprobar si el reflejo respondía a lo que ellas hacían.

También registraron conductas dirigidas al propio cuerpo, como mover la cabeza, estirar el cuello o hacer burbujas y luego morderlas.

Natasha y Maris mostraron más comportamientos de este tipo frente al espejo que las otras belugas, así que pasaron a la siguiente fase.

En esa etapa, entrenadores colocaron marcas temporales y no tóxicas en zonas del cuerpo que ellas no podían ver directamente.

Natasha pasó la prueba. Al verse reflejada, orientó hacia el espejo la zona marcada detrás de su oreja derecha.

Además, mostró varios comportamientos dirigidos a su propio cuerpo, como si hubiera notado que algo raro aparecía en su reflejo.

Maris, su hija, no pasó la prueba de la marca, pero sí mostró conductas interesantes frente al espejo.

Los investigadores creen que eso podría sugerir cierta capacidad de autorreconocimiento, aunque no basta para decir que pasó la prueba completa.

El hallazgo no demuestra que todas las belugas se reconozcan en espejos, pero sí abre una puerta muy importante.

Según Reiss y Alexander Mildener, es la primera evidencia de que las belugas, animales socialmente complejos, pueden mostrar altos niveles de autoconciencia.

También hay que tener cuidado: estas belugas vivían en cautiverio y quizá estaban más acostumbradas a superficies reflectantes que una beluga salvaje.

Hoy existen al menos 300 belugas en cautiverio. Las poblaciones salvajes enfrentan contaminación, ruido industrial, cambio climático y caza.

Maris murió en 2015 en el Acuario de Georgia. Natasha, de unos 42 años, sigue viva en Mystic Aquarium, Connecticut.