Un estudio publicado en Acta Astronautica puso el foco en un problema del que casi no se hablaba: el riesgo de coágulos sanguíneos en mujeres astronautas.
Ya se sabía que pasar mucho tiempo en microgravedad afecta al cuerpo humano. Los músculos se debilitan, los huesos pierden densidad y también cambian varios sistemas internos.
Entre esos cambios están el sistema cardiovascular, el endocrino y el nervioso. Pero en el caso de las mujeres, ahora aparece además una posible mayor tendencia a formar coágulos.
Esto también deja claro algo importante: durante décadas, gran parte de la investigación sobre salud en el espacio se hizo principalmente con hombres.
Ahora que cada vez hay más mujeres astronautas, hace falta estudiar mejor si existen riesgos específicos relacionados con el sexo y cómo podrían manejarse en futuras misiones.
Con esa idea, un equipo del Laboratorio de Fisiología Aeroespacial de la Universidad Simon Fraser, en Canadá, realizó un experimento con 18 mujeres sanas.
La prueba duró cinco días y usó una técnica llamada inmersión seca. Básicamente, las voluntarias flotaban sobre agua, pero sin mojarse, para imitar la ingravidez.
Aunque no reproduce el espacio a la perfección, este método sirve para simular varios efectos de la microgravedad sobre el cuerpo humano sin salir de la Tierra.
Después, los investigadores analizaron cómo respondía la sangre de las participantes usando una prueba llamada ROTEM, que permite observar en tiempo real cómo se forman los coágulos.
También revisaron las hormonas menstruales de las voluntarias, pero no encontraron que esas variaciones tuvieran un efecto claro sobre la coagulación en este experimento.
Lo que vieron fue curioso. En condiciones similares a la microgravedad, la sangre tardaba más en empezar a coagularse, pero una vez arrancaba, el proceso se aceleraba.
Y no solo eso. Los coágulos que se formaban resultaban más fuertes y más estables de lo habitual, lo que sugiere que podrían ser más difíciles de deshacer.
Eso apunta a un estado de hipercoagulabilidad, es decir, una tendencia de la sangre a formar coágulos con más facilidad o a mantenerlos con mayor firmeza.
En la Tierra, los coágulos suelen asociarse con personas mayores, pero también pueden aparecer en gente joven. Muchas veces se forman en las venas de las piernas.
Ahí pueden causar dolor e hinchazón, y en el peor de los casos viajar a los pulmones, provocando una embolia pulmonar, o generar problemas cardíacos o cerebrales.
En el espacio, el problema cambia de lugar. Como la sangre se redistribuye por la microgravedad, los coágulos parecen tener más probabilidad de aparecer en la vena yugular.
Eso preocupa mucho más, porque desde ahí el recorrido hasta los pulmones o el corazón es mucho más corto y una emergencia médica sería mucho más difícil de manejar.
Las alarmas se encendieron especialmente desde 2020, cuando una astronauta en la Estación Espacial Internacional desarrolló de forma inesperada un coágulo en la yugular.
En este estudio, cinco días no bastaron para mostrar un peligro inmediato grave. Pero sí fueron suficientes para ver señales que merecen atención.
Y eso importa bastante si pensamos en misiones largas, como las del programa Artemis hacia la Luna o futuros viajes a Marte, donde la ayuda médica no estará cerca.
Por eso los investigadores ya están comparando estos resultados con pruebas parecidas hechas en hombres. La idea es mejorar los controles médicos y detectar el riesgo antes.





