Startups quieren usar geoingeniería para desacidificar el océano

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Startups quieren usar geoingeniería para desacidificar el océano

Los océanos guardan enormes cantidades de dióxido de carbono. Ahora, varias empresas y científicos creen haber encontrado una forma de aumentar esa capacidad modificando la química del agua.

La técnica se llama mejora de la alcalinidad oceánica. Básicamente, consiste en disolver rocas que neutralizan ácidos en el mar, lo que permite que absorba más dióxido de carbono de la atmósfera. 

Durante cinco años se investigó esta idea en laboratorios. Pero en los últimos meses, algunas startups ya empezaron a aplicarla en las costas del Atlántico y el Pacífico.

Por ejemplo, Planetary, una empresa en Nueva Escocia, logró retirar 138 toneladas de carbono para Shopify y Stripe. Otra, llamada Ebb Carbon, opera en Washington y trabaja con Microsoft.

Quienes apoyan esta tecnología aseguran que es una de las formas más prometedoras de eliminar carbono. Incluso dicen que será necesaria, además de reducir emisiones, para cumplir con metas climáticas.

Sin embargo, para que tenga un impacto real, habría que pasar de miles a miles de millones de toneladas eliminadas cada año, según explica Matthew Eisaman, profesor en la Universidad de Yale.

Las pruebas 

¿Cómo funciona? El océano ya realiza este proceso naturalmente. Es ligeramente alcalino, con un pH de 8.2, gracias al desgaste químico de rocas como calizas y basaltos a lo largo de millones de años.

Cuando el dióxido de carbono se disuelve en el agua, reacciona con esas sustancias alcalinas y forma iones bicarbonato, que pueden almacenar el carbono de manera estable por miles de años.

Así, el océano se convierte en el mayor sumidero de carbono del planeta, es decir, un reservorio que absorbe más carbono del que libera. La nueva tecnología solo busca potenciarlo.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estudió varias opciones y concluyó que esta técnica era la más efectiva y una de las más económicas para atrapar carbono a largo plazo.

Además, podría ayudar a frenar la acidificación oceánica, un problema que complica a corales, moluscos y otros organismos para formar conchas y esqueletos debido al exceso de dióxido de carbono.

Aun así, faltan pruebas de cuánto carbono se puede capturar y durante cuánto tiempo. Científicos insisten en que se necesita más investigación para comprobar su efectividad y permanencia.

Existen varios métodos en prueba. Ebb Carbon, por ejemplo, toma agua salobre de plantas desalinizadoras, la vuelve más alcalina con electricidad y luego la devuelve al océano.

Otros proponen llevar minerales en barcos y liberarlos en el mar, o aprovechar la erosión natural en las costas para aumentar la alcalinidad. 

Cautela 

El gran problema es medir con precisión la cantidad de carbono eliminado. En un océano tan vasto, los minerales se disipan rápidamente, dificultando el cálculo.

Además, no todos confían en esta práctica. Pescadores y comunidades costeras temen que alterar el mar pueda tener consecuencias no previstas para los ecosistemas marinos.

Por ahora, los estudios preliminares no muestran impactos graves en plancton ni en otras especies base de la cadena alimenticia. Aun así, la cautela sigue presente.

La Agencia de Protección Ambiental ya puso límites: el pH del agua no podrá superar 9 al añadir materiales. Esto busca evitar daños más allá de los beneficios climáticos.

Aunque el potencial es enorme, falta comprobarlo a gran escala. El océano podría convertirse en un aliado contra el cambio climático, pero el camino recién empieza.