Un chip diminuto implantado en los ojos de personas con pérdida de visión por degeneración macular logró algo que hasta ahora parecía imposible: devolverles la vista central.
Este avance viene del sistema PRIMA, probado en 17 hospitales europeos. De 32 pacientes que usaron el chip durante un año, 26 recuperaron visión central y muchos pudieron volver a leer.
El estudio fue publicado en The New England Journal of Medicine y representa un gran paso para tratar una enfermedad que hasta ahora no tenía solución efectiva.
José-Alain Sahel, oftalmólogo y coautor del estudio, dijo que nunca antes un tratamiento había logrado estos resultados en tantos pacientes con pérdida visual avanzada.
Más del 80 % pudo leer letras y palabras. Algunos incluso están leyendo libros otra vez. Hace 15 años, cuando empezó el proyecto, nadie imaginaba llegar tan lejos.
La degeneración macular por atrofia geográfica es una condición progresiva e irreversible que destruye la visión central, aunque la visión periférica suele mantenerse.
En una retina sana, las células fotorreceptoras convierten la luz en señales que el cerebro interpreta como imágenes. Cuando esas células mueren, se forma una mancha ciega.
El sistema PRIMA fue ideado por el oftalmólogo Daniel Palanker, de la Universidad de Stanford, y desarrollado con un equipo internacional liderado por Frank Holz, de la Universidad de Bonn.
Tiene dos partes. La primera es un implante de silicio con 378 píxeles fotovoltaicos. Mide solo 2×2 milímetros y es más delgado que un cabello.
Se coloca detrás de la retina, justo en la zona dañada. La segunda parte son unas gafas conectadas a un pequeño procesador que el paciente lleva en el bolsillo.
Estas gafas capturan imágenes, las convierten en luz infrarroja invisible, y las envían al chip. Así no afectan la visión periférica que aún funciona.
El chip transforma esa señal en impulsos eléctricos que llegan al cerebro, imitando el funcionamiento natural del ojo. Además, se alimenta solo con luz, sin cables ni baterías.
Antes de usarlo, los pacientes pasaron varios meses entrenando. Aprendieron a usar el zoom, a enfocar letras y a interpretar los patrones visuales del sistema.
En promedio, tenían 79 años y todos sufrían atrofia geográfica. El sistema les permitió ver formas, letras y leer, aunque en blanco y negro por ahora.
Una paciente, Sheila Irvine, dijo que antes tenía “dos discos negros” en su visión. Era amante de la lectura y quería recuperarla. Con PRIMA, lo está logrando.
Eso sí, 19 personas tuvieron efectos secundarios, pero todos eran riesgos conocidos en cirugías oculares y la mayoría se resolvió rápido. La visión periférica quedó intacta.
El equipo ahora trabaja en una versión en escala de grises, ya que muchos pacientes quieren poder reconocer rostros, algo que requiere más detalle visual.
También están desarrollando un chip con mayor resolución y gafas más cómodas. Lo que ya lograron es un hito que podría cambiar la vida de millones.





