Los pulpos pueden ser engañados y creer que una extremidad falsa es parte de su propio cuerpo. Sí, aunque suene raro, ellos también caen en esta ilusión sensorial.
Un equipo de científicos en Japón hizo un experimento donde le mostraron a un pulpo una especie de brazo artificial que parecía suyo. Luego lo pellizcaron frente al animal.
La reacción fue inmediata: el pulpo se alejó nadando, cambió de color o retrajo sus verdaderos brazos, como si realmente le hubieran hecho daño.
No es que sean ingenuos. Al contrario: esta reacción demuestra lo compleja que es su percepción del cuerpo y lo desarrollada que está su inteligencia.
Este fenómeno, conocido como la ilusión de transferencia corporal, se ha observado en humanos desde 1998, y más tarde en monos y ratones.
Ahora, con este estudio, se confirma que también los invertebrados como el pulpo pueden experimentarla.
La razón por la que caemos en esta ilusión no es sencilla, pero se debe a que el cerebro integra muy rápido lo que vemos, sentimos y percibimos sobre nuestro cuerpo en el espacio.

Y resulta que el cerebro del pulpo también tiene esa habilidad. No es solo su cuerpo lo que impresiona, también su sistema nervioso.
Cada uno de sus ocho brazos tiene unos 500 millones de neuronas. Y pueden tomar decisiones sin que el cerebro central intervenga.
Además, sus ventosas no solo se mueven, también pueden saborear el entorno. Es como tener dedos que piensan y prueban.
A pesar de eso, igual que nosotros, el pulpo parece darle más peso a lo que ve que a lo que toca o huele.
Por eso puede “adoptar” un brazo falso que está viendo, como si realmente fuera suyo. La vista domina.
Los investigadores Kawashima e Ikeda dicen que esto sugiere que las reglas básicas para sentir que un cuerpo es propio son parecidas entre mamíferos y pulpos.
Y eso es interesante, porque el sistema nervioso del pulpo evolucionó de forma totalmente distinta al de los vertebrados.
El hecho de que compartan esta ilusión abre una puerta para estudiar cómo surgió en la evolución ese sentido de pertenencia corporal.
Este hallazgo no solo nos hace ver a los pulpos con más respeto, sino que también los convierte en un modelo valioso para estudiar la conciencia corporal.
El estudio fue publicado en la revista científica Current Biology.





