La vida pudo haber comenzado como una sustancia pegajosa, mucho antes de que existieran las células

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La vida pudo haber comenzado como una sustancia pegajosa, mucho antes de que existieran las células

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Un grupo internacional de científicos propone una idea llamativa: la vida no habría empezado en agua, sino dentro de una masa pegajosa adherida a una roca.

La propuesta aparece en un trabajo publicado en ChemSystemsChem, donde plantean que un gel prebiótico pudo organizar la química necesaria antes de existir células reales.

La imagen suena rara, pero no tanto si piensas en biopelículas bacterianas, esas capas viscosas que crecen en piedras, estanques o incluso dientes sin cepillar.

Según los autores, un entorno semisólido como ese ofrecería algo que muchos modelos clásicos no resuelven bien: un espacio para concentrar moléculas y hacerlas reaccionar.

Muchas teorías sobre el origen de la vida ubican las primeras reacciones en agua, pero ahí aparece un problema: las moléculas simples no se vuelven complejas fácilmente.

Pasar de compuestos pequeños flotando en el agua a estructuras como ARN o ADN requiere condiciones, y esas condiciones no siempre encajan con océanos abiertos.

Aquí entra el gel. Los investigadores dicen que una matriz pegajosa podría atrapar moléculas, mantenerlas cerca y ordenarlas lo suficiente para superar barreras químicas importantes.

Tony Jia, astrobiólogo de la Universidad de Hiroshima y coautor del estudio, destaca eso: no solo importan biomoléculas y biopolímeros, también importa el entorno.

En vez de imaginar que primero aparecieron protocélulas, esta hipótesis sugiere otro camino: la organización química nació antes, y luego esa organización terminó produciendo protocélulas.

La idea no es nueva. El equipo recuerda que este marco se propuso en 2005, pero ahora lo amplían con más detalle químico.

También tiene sentido cuando miramos cómo era la Tierra primitiva. No era un planeta amable, con capa de ozono y clima relativamente estable como hoy.

La radiación ultravioleta golpeaba con fuerza la superficie y las temperaturas podían ser extremas, así que química frágil necesitaba alguna forma de protección ambiental.

Los autores creen que esos geles prebióticos pudieron actuar como escudo, y como amortiguador, protegiendo reacciones delicadas mucho antes de que existieran membranas celulares completas.

Además de proteger, un gel puede concentrar monómeros como aminoácidos y nucleótidos activados, que son piezas básicas para construir moléculas más grandes y complejas.

Y no solo los concentra: también puede retener unas sustancias mejor que otras. Esa selección importa porque ayuda a que ciertas rutas químicas ocurran con más eficiencia.

Dentro de un gel hay humedad, pero no tanta agua libre como en una solución líquida. Eso favorece unir monómeros en polímeros, en vez de romperlos.

Ese punto es clave, porque en ambientes demasiado acuosos domina la hidrólisis, que corta moléculas. Para construir química compleja, necesitas también escenarios que permitan ensamblar.

El equipo incluso plantea que en esos geles pudieron aparecer pasos muy primitivos de metabolismo, con reacciones de transferencia de electrones entre compuestos.

La luz visible, infrarroja y parte de la ultravioleta que penetrara el gel habría aportado energía para impulsar reacciones, algo comparable, en procesos posteriores.

Esta hipótesis también cambia dónde buscar vida fuera de la Tierra: quizá no solo debamos buscar moléculas específicas, sino estructuras tipo gel capaces de organizar química viva.