¿Has visto cómo corre un guepardo, se desliza una serpiente o agarramos cosas con la mano? Todo eso es posible gracias a la combinación perfecta de partes blandas y duras del cuerpo.
Músculos, tendones, huesos y ligamentos trabajan en equipo. Esa mezcla permite que los animales hagan movimientos complejos con fuerza, precisión y agilidad.
Imitar eso en los robots ha sido un dolor de cabeza. La impresión 3D con distintos materiales ha sido útil, pero tiene un gran límite: no se puede ajustar bien la dureza o resistencia en todo el robot.
La investigación
Ahora, un equipo de la EPFL, en Suiza, liderado por Josie Hughes, ha encontrado una solución creativa. Crearon una especie de esqueleto de espuma, parecido a una malla, que se puede programar para que cambie de forma y comportamiento.
Cada parte de esta malla está hecha por células individuales. Se pueden combinar en más de un millón de formas distintas, y eso permite crear robots superligeros, flexibles y precisos.
Usaron esta técnica para construir un robot con forma de elefante. Tiene una trompa suave que se puede doblar, girar y retorcer, y patas más duras con articulaciones tipo rodilla o pie.
Las células de la malla tienen dos formas base: una tipo cubo centrado (BCC) y otra llamada X-cube. Cada una da diferentes niveles de rigidez y resistencia.
Pero lo mejor es que pueden mezclarlas entre sí. Así logran una transición suave entre zonas más blandas y más duras. Ideal para imitar órganos musculares, como la trompa de un elefante.
Además de cambiar la forma de cada célula, también pueden moverlas de lugar, girarlas o superponerlas. Eso multiplica aún más las combinaciones posibles.
Con solo cuatro células superpuestas, ya pueden lograr unos 4 millones de configuraciones distintas. Y si usan cinco, llegan a más de 75 millones. Una locura.
Aplicaciones
Gracias a eso, en su robot elefante pudieron construir distintos tipos de tejidos. Desde articulaciones que se deslizan como las del pie, hasta otras que solo se doblan o se mueven en dos direcciones.
También lograron dividir la trompa en secciones especiales para doblarse, girar o rotar. Todo fluye de manera continua, como en un elefante real.
La estructura es tan ligera y fuerte como un panal de abejas. Además, funciona bien en movimiento dentro de líquidos y puede integrar sensores para hacerlo más inteligente.
Este invento no solo revoluciona la forma en que hacemos robots. También abre la puerta a nuevas formas de diseño, adaptabilidad y eficiencia en el futuro.




