Un estudio publicado en la revista Sleep analizó esos sonidos llamados ruido rosa, que muchos usan para dormir. La idea es tapar ruidos externos, pero los resultados no fueron tan tranquilizadores.
El trabajo lo realizó un equipo de la Universidad de Pensilvania junto con colaboradores europeos y canadienses. Encontraron que este sonido, promocionado como relajante, podría empeorar la calidad real del sueño.
El ruido rosa pertenece al grupo de los ruidos de banda ancha, sonidos continuos que abarcan muchas frecuencias. Allí también entran el ruido blanco, marrón y azul, cada uno con distinta distribución de energía sonora.
El ruido blanco es el más popular porque disimula sonidos ambientales o zumbidos en los oídos. Sin embargo, investigaciones previas muestran resultados contradictorios: a veces ayuda y otras parece generar efectos negativos.
El ruido rosa tiene más potencia en frecuencias bajas, por eso suena más suave, parecido a lluvia o cascadas. Muchas aplicaciones y dispositivos lo recomiendan como apoyo para dormir mejor.
Para probarlo, reclutaron 25 adultos entre 21 y 41 años sin trastornos del sueño ni costumbre de usar sonidos nocturnos. Pasaron siete noches seguidas durmiendo ocho horas en laboratorio.
Primero tuvieron una noche silenciosa para adaptarse al lugar. Luego cada noche cambió la condición sonora, variando el orden según el grupo asignado por los investigadores.
Una noche escucharon ruidos ambientales como aviones, autos y un bebé llorando. Otra noche solo ruido rosa. Otras combinaban silencio, ruido ambiental con ruido rosa, o ruido ambiental usando tapones.
Cada mañana los participantes evaluaron cómo durmieron y realizaron pruebas cognitivas y cardiovasculares. Los científicos también registraron actividad cerebral mientras dormían para medir fases profundas y REM.
Con ruido ambiental, las personas perdieron en promedio 23 minutos de sueño profundo N3 respecto a las noches silenciosas. Esa fase es crucial para recuperación física y consolidación de recuerdos.
El ruido rosa solo, a 50 decibeles, redujo casi 19 minutos de sueño REM por noche comparado con ruido ambiental. Esa etapa se relaciona con aprendizaje emocional y procesamiento mental.
Cuando combinaron ruido ambiental con ruido rosa, tanto el sueño profundo como el REM disminuyeron aún más. Además, los participantes permanecieron despiertos más tiempo durante la noche.
Hubo una excepción interesante: usar tapones. Quienes los llevaron no mostraron diferencias importantes en su sueño sin importar la presencia de ruidos, lo que sugiere una alternativa más segura.
Los investigadores recuerdan que REM es esencial para memoria, regulación emocional y desarrollo cerebral. Reducirlo de forma constante podría afectar especialmente a niños, que pasan más tiempo en esa fase.
Millones de personas duermen con sonidos continuos. Aunque algunos reportan beneficios, la evidencia sigue siendo ambigua y estos datos invitan al menos a actuar con cautela.
También señalan que falta investigar efectos a largo plazo, niveles seguros de volumen y poblaciones vulnerables como bebés. La conclusión práctica es que el silencio sigue siendo la referencia más confiable para dormir.





