Un equipo del Centro de Astrobiología en España analizó datos del telescopio James Webb y encontró algo inesperado en una galaxia lejana. Publicaron el estudio en Nature Astronomy.
Detectaron una cantidad enorme de pequeñas moléculas orgánicas en el núcleo de una galaxia casi totalmente oculto por gas y polvo. La concentración superó ampliamente lo que predecían los modelos teóricos.
La galaxia se llama IRAS 07251–0248 y es ultraluminosa en el infrarrojo. En su centro hay un agujero negro supermasivo rodeado por densas nubes que bloquean casi toda la luz visible.
Los telescopios comunes no pueden ver ese núcleo, pero el James Webb sí. Su capacidad para captar luz infrarroja le permite atravesar el polvo y revelar lo que ocurre dentro.
El equipo analizó datos espectroscópicos entre 3 y 28 micras usando los instrumentos NIRSpec y MIRI. Así identificaron las huellas químicas de moléculas en gas, hielo y granos de polvo.
Con esa información calcularon cantidades y temperaturas de distintos compuestos. Lo que apareció fue un cóctel químico mucho más complejo de lo que esperaban encontrar.
Detectaron benceno, metano, acetileno, diacetileno y triacetileno, entre otros. También identificaron el radical metilo, algo histórico porque nunca antes lo habían visto fuera de la Vía Láctea.
Además de moléculas en estado gaseoso, hallaron abundante material sólido, como granos ricos en carbono y hielos de agua que recubren partículas microscópicas en ese entorno extremo.
El investigador principal, Ismael García Bernete, explicó que la abundancia era tan alta que debía existir una fuente constante de carbono alimentando esa red química activa.
Estas moléculas no están vivas, pero sí son piezas básicas para procesos más complejos. En ciertos contextos pueden participar en reacciones que conduzcan a aminoácidos y nucleótidos.
La gran pregunta era cómo se generan tantas moléculas pequeñas en un lugar tan hostil. El calor intenso o el gas turbulento no bastaban para explicar el fenómeno.
El equipo utilizó modelos desarrollados en la Universidad de Oxford sobre hidrocarburos aromáticos policíclicos, conocidos como PAH, compuestos grandes y ricos en carbono presentes en el espacio.
Los resultados apuntan a los rayos cósmicos como protagonistas. En estos núcleos galácticos extremos abundan partículas energéticas que chocan contra granos de polvo y moléculas grandes.
Esos impactos rompen estructuras mayores ricas en carbono y liberan fragmentos más pequeños al gas circundante. Así se forma una especie de fábrica química en pleno corazón galáctico.
También observaron que cuanto mayor era la ionización causada por rayos cósmicos en galaxias similares, mayor era la abundancia de hidrocarburos pequeños.
Eso refuerza la idea de que estos núcleos ocultos funcionan como centros de producción de moléculas orgánicas y juegan un papel clave en la evolución química de las galaxias.
Este hallazgo abre nuevas puertas para entender cómo se transforman el carbono y los compuestos orgánicos en ambientes extremos, y demuestra hasta dónde puede llegar la mirada del James Webb.





