Hace casi 20 años, un experimento flotando sobre la Antártida detectó algo raro. ANITA, un conjunto de instrumentos colgado de un globo, registró una señal que no tenía sentido.
En lugar de captar rayos cósmicos cayendo del cielo, como debía, ANITA detectó una ráfaga de ondas de radio que venía desde abajo, desde el hielo antártico. Fue como un rayo cósmico al revés.
En 2014, ANITA captó otra señal parecida. Y desde entonces, nadie ha podido explicar del todo qué pasó. Algunas teorías incluso apuntan a partículas que aún no conocemos.
Stephanie Wissel, astrofísica de Penn State, explicó que las ondas venían en un ángulo muy inclinado, como 30 grados bajo la superficie. Algo difícil de encajar con las teorías actuales.

Al principio, pensaron que podía ser un neutrino tau, esas partículas que casi no interactúan con nada. Pero había muchos problemas para que esa explicación cuadrara.
Por ejemplo, en 2006 no hubo ninguna supernova cercana que pudiera haber lanzado un neutrino en esa dirección. En 2014 sí hubo una, pero no es suficiente.
Además, para llegar a ese ángulo, el neutrino habría tenido que atravesar roca sólida antes de salir del hielo. Y aunque los neutrinos lo hacen, este caso es extremo.
Wissel dice que trillones de neutrinos nos atraviesan a cada segundo. Pero justo por eso, que uno interactúe así es rarísimo. Si lo captamos, debió viajar muchísimo sin chocar con nada.
Para tratar de resolver el misterio, un grupo internacional revisó los datos del Observatorio Pierre Auger en Argentina. Buscaron eventos parecidos a los de ANITA.
Simularon cómo se verían esas señales en los datos de Auger y revisaron información de 2004 a 2018. No encontraron nada que explicara las detecciones.
Pero no encontrar algo también sirve. En ciencia, descartar opciones es avanzar. En este caso, pudieron eliminar a los neutrinos como explicación.
Eso no quiere decir que ya sepamos qué es. Tampoco podemos asegurar que se trate de una nueva partícula. Hacen falta más datos y más observaciones.
ANITA ya está retirada; su último vuelo fue en 2016. Pero pronto empezará a operar su reemplazo: PUEO, un nuevo experimento también en la Antártida.
Wissel cree que tal vez haya efectos raros de propagación de ondas en el hielo o cerca del horizonte que aún no entendemos del todo. Pero hasta ahora, no han encontrado nada concluyente.
PUEO será más sensible y podrá detectar más señales raras. Quizás entonces podamos entender qué es lo que realmente está saliendo del hielo.
O tal vez, por fin, detectemos neutrinos de manera más clara. Lo cual, según Wissel, sería aún más emocionante.
Estos resultados más recientes fueron publicados en Physical Review Letters.





