Descubren un planeta donde nubes de roca aparecen en la mañana y desaparecen por la tarde

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Descubren un planeta donde nubes de roca aparecen en la mañana y desaparecen por la tarde

Representación artística de WASP-94A b, un gigante gaseoso en la constelación de Microscopium. Las nubes se forman a medida que el aire fluye sobre el lado oscuro del planeta, alcanzando una gran masa al amanecer. Las nubes se disipan en el lado diurno, dejando cielos despejados al anochecer. Crédito: Hannah Robbins/Universidad Johns Hopkins

Un estudio publicado en la revista Science acaba de mostrar algo sorprendente: un planeta gigante y lejano tiene un ciclo diario de nubes.

El planeta se llama WASP-94A b y es un “Júpiter caliente”, es decir, un gigante gaseoso muy cercano a su estrella.

Está a casi 700 años luz de la Tierra, en la constelación de Microscopium, demasiado lejos para verlo con detalle directo.

Por eso, los científicos usaron el telescopio espacial James Webb para estudiar cómo cambiaba la luz de su estrella durante el tránsito.

Cuando el planeta pasaba frente a su estrella, Webb podía leer pequeñas señales en esa luz y revelar detalles de su atmósfera.

Lo que encontraron fue casi como un pronóstico del tiempo extraterrestre. En la mañana del planeta aparecen nubes, pero en la tarde desaparecen.

Y no son nubes como las de la Tierra. Están hechas de silicato de magnesio, un mineral relacionado con la formación de rocas.

En otras palabras, este mundo puede tener nubes de material rocoso flotando en su atmósfera, bajo condiciones extremadamente calientes.

La diferencia entre la mañana y la tarde fue muy marcada. El lado matutino aparece nublado, mientras el lado vespertino se ve despejado.

Para entender eso, hay que recordar que estos planetas suelen estar muy cerca de sus estrellas y reciben una radiación brutal.

En WASP-94A b, el aire se mueve desde el lado nocturno hacia el lado diurno, creando condiciones parecidas a una mañana.

Luego, en otra región, el aire pasa del lado diurno hacia el nocturno, algo que los científicos interpretan como la tarde del planeta.

El telescopio James Webb permitió separar esas dos zonas, algo que antes era muy difícil con observatorios como el Hubble.

Antes, los datos mezclaban regiones nubladas y despejadas, como si miráramos todo el planeta a través de una ventana empañada.

Con Webb, los investigadores pudieron mirar con más precisión cada borde del planeta durante el tránsito frente a su estrella.

Hay dos posibles explicaciones para ese ciclo de nubes. Una es que los vientos empujen las nubes hacia distintas capas atmosféricas.

Las nubes podrían subir en la zona más fría y hundirse en la zona más caliente, quedando ocultas antes de la tarde.

La otra posibilidad se parece un poco a la niebla matutina en la Tierra, pero llevada a un extremo inimaginable.

Las nubes se formarían durante la noche y luego se evaporarían al entrar en la zona diurna, con temperaturas superiores a 1.000 grados.

Ese detalle también ayudó a resolver un problema anterior. Estudios previos sugerían que el planeta tenía muchísimo carbono y oxígeno.

Parecía tener cientos de veces más de esos elementos que Júpiter, algo difícil de explicar con los modelos de formación planetaria.

Pero al separar las regiones nubladas de las despejadas, el nuevo análisis corrigió esa imagen y mostró algo menos extraño.

WASP-94A b tendría unas cinco veces más oxígeno y carbono que Júpiter, una cifra mucho más razonable para los modelos actuales.

El hallazgo no se limita a un solo planeta. El equipo revisó otros ocho gigantes gaseosos calientes usando este caso como referencia.

Encontraron ciclos parecidos de nubes en WASP-39 b y WASP-17 b, lo que sugiere que este fenómeno podría ser común.

Estos mundos sirven como laboratorios extremos para estudiar atmósferas, química y clima planetario lejos del Sistema Solar.

Ahora los investigadores quieren usar nuevos datos del James Webb para buscar ciclos de nubes en muchos otros exoplanetas.