Científicos identifican las ondas cerebrales que definen los límites del «yo»

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Científicos identifican las ondas cerebrales que definen los límites del «yo»

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¿Dónde terminas tú y dónde empieza el mundo exterior? Aunque suene simple, tu cerebro trabaja duro para trazar esa frontera todos los días.

Un estudio publicado en Nature Communications exploró cómo el cerebro construye la sensación de que tu cuerpo realmente te pertenece.

La investigación fue realizada por científicos de Suecia y Francia, con participación del Karolinska Institute, y analizó directamente la actividad cerebral humana.

Para hacerlo, reclutaron a 106 personas y las sometieron a un experimento clásico conocido como la ilusión de la mano de goma.

En este experimento, se oculta una mano real y se coloca una mano falsa a la vista del participante.

Cuando ambas manos, la real y la falsa, reciben toques al mismo tiempo, muchas personas sienten que la mano falsa forma parte de su cuerpo.

Esa sensación resulta inquietante, pero revela algo profundo: el cerebro decide qué es “tuyo” comparando lo que ves con lo que sientes.

En la primera fase, un brazo robótico tocaba los dedos real y falso de forma sincronizada o con retrasos de hasta 500 milisegundos.

Cuando los toques coincidían, la mayoría sentía fuerte identificación con la mano falsa, pero esa sensación se debilitaba al aumentar el desfase.

En una segunda etapa, los investigadores registraron la actividad cerebral usando electroencefalografía, observando ondas cerebrales en tiempo real.

Descubrieron que la clave estaba en las ondas alfa, especialmente en la corteza parietal, una región que integra sensaciones corporales.

Estas ondas parecen marcar la precisión con la que el cerebro detecta diferencias entre lo que ve y lo que siente.

Las personas con ondas alfa más rápidas detectaban pequeños retrasos y rechazaban la mano falsa casi de inmediato.

En cambio, quienes tenían ondas alfa más lentas aceptaban la mano de goma como propia incluso con diferencias temporales mayores.

Esto sugería que las ondas alfa no solo acompañan la sensación de pertenencia corporal, sino que podrían controlarla activamente.

Para comprobarlo, los científicos realizaron un tercer experimento usando estimulación eléctrica no invasiva en el cerebro.

Esta técnica permitió acelerar o ralentizar deliberadamente las ondas alfa de los participantes durante la ilusión.

Al acelerar las ondas, las personas se volvieron más estrictas al definir su cuerpo y detectaron fácilmente inconsistencias sensoriales.

Al ralentizarlas, ocurrió lo contrario: la frontera entre el cuerpo y el exterior se volvió más difusa.

Esto indica que el cerebro ajusta continuamente el sentido del “yo” corporal según el ritmo de su actividad interna.

Los autores creen que este mecanismo ayuda a integrar múltiples señales en una experiencia coherente de identidad física.

Entenderlo mejor podría aportar claves para trastornos donde esa frontera falla, como la esquizofrenia o los miembros fantasma.

También abre posibilidades para diseñar prótesis más naturales y experiencias de realidad virtual mucho más convincentes.

En el fondo, este trabajo muestra que sentirse dentro de tu propio cuerpo es una construcción activa, precisa y sorprendentemente flexible.