Científicos finalmente descubren cómo las plantas carnívoras Venus atrapamoscas se cierran tan rápido

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Científicos finalmente descubren cómo las plantas carnívoras Venus atrapamoscas se cierran tan rápido

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Para cazar, casi siempre necesitas ser más rápido que tu presa. Y las plantas no son precisamente conocidas por su velocidad. Pero hay una excepción curiosa.

Hablamos de la Venus atrapamoscas, una planta que atrae insectos y arañas, los encierra de golpe en su trampa de hojas y se los come tranquila.

Durante años los científicos no entendían cómo esta planta se mueve tan rápido, algo que en teoría las plantas no deberían poder hacer.

Ahora un equipo del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia descubrió el truco, y publicó el estudio en la prestigiosa revista Science.

Otras plantas también se mueven, como la mimosa sensitiva, que cierra sus hojas al tocarla. Casi siempre lo hacen con agua, cambiando su presión interna.

Antes pensaban que el mecanismo era hidráulico: el agua se movía de un lado a otro de la hoja y eso doblaba la trampa hasta cerrarla.

Pero esa idea tenía dos fallas. La primera: el agua viaja lento por los tejidos, y cruzar la trampa le tomaría entre 30 y 150 segundos.

Y eso es demasiado lento. La trampa empieza a cerrarse en apenas un segundo, mucho más rápido de lo que el agua podría moverse.

La segunda falla: si fuera por agua, el movimiento debería avanzar como una ola lenta por la hoja, y los investigadores no encontraron nada de eso.

Entonces, ¿qué pasa en realidad? El cierre ocurre en dos etapas. Primero la trampa se dobla hacia adentro, acercándose a un punto crítico.

Para entenderlo cortaron algunas trampas en tiras finas para frenar el cierre. Las trampas seguían doblándose, pero mucho más despacio, lo cual fue muy revelador.

Y después llega el golpe final: las dos mitades se cierran de un porrazo en apenas 0,2 segundos, sin que la presa alcance a reaccionar.

Para descubrir qué dispara todo esto, midieron con una sonda diminuta las paredes de las células por dentro y por fuera de la trampa.

Y ahí estaba la respuesta. Las paredes internas casi no cambiaban, pero las externas se ablandaban y perdían cerca del 40 por ciento de su rigidez.

Normalmente, una presión interna llamada turgencia empuja por igual las paredes internas y externas de la trampa, manteniéndola abierta y en equilibrio.

Cuando un bicho toca dos veces seguidas los pelitos sensibles de la trampa, la pared externa de esas células se ablanda de inmediato.

Eso hace que la cara externa se estire más que la interna, y ese desajuste dobla la hoja hasta que pasa el punto sin retorno y se cierra.

Y aquí viene lo más sorprendente. Ese ablandamiento de las paredes es básicamente la misma herramienta que las plantas usan para crecer normalmente.

La Venus atrapamoscas tomó algo que ya tenía en su kit genético y lo aceleró para cazar de forma activa y conseguir nutrientes.

Y aunque ya sabemos cómo logra su magia, sigue fascinando, porque todavía queda una gran pregunta: cómo la evolución, a base de prueba y error, fabricó algo tan fino.