A casi nadie le gusta tiritar de frío, pero ese mal rato tiene un efecto curioso: el cuerpo consume más energía para mantenerse caliente que cuando está cómodo.
Esa producción de calor se llama termogénesis y ocurre porque el cuerpo quema más energía cuando la temperatura baja.
Desde hace años, científicos y farmacéuticas buscan activar ese proceso sin enfriar a la persona, básicamente engañando al cuerpo para que crea que tiene frío.
Dos investigadores de la Universidad del Sur de Dinamarca decidieron probar otro camino: activar la termogénesis mediante la alimentación.
Su enfoque se centró en dos aminoácidos muy comunes en nuestra dieta diaria: metionina y cisteína.
El equipo probó en ratones si cambiar la cantidad de esos aminoácidos podía producir efectos parecidos a exponerlos al frío extremo de cinco grados.
Los ratones con una dieta baja en metionina y cisteína quemaron casi la misma energía que los que vivían en frío constante.
El estudio fue realizado por un grupo de bioquímicos y se publicó en la revista eLife.
Durante siete días ajustaron la dieta de los animales y notaron que los que consumían menos de esos aminoácidos gastaban más energía sin cambiar su actividad.
Uno de los autores explicó que los ratones no comieron menos ni se movieron más, simplemente generaron más calor y bajaron de peso.
Metionina y cisteína aparecen en altas cantidades en proteínas animales como carne, huevos o lácteos, y en niveles bajos en verduras, nueces y legumbres.
Esto significa que quienes siguen dietas vegetarianas o veganas consumen naturalmente menos de estos dos aminoácidos.
Los investigadores señalan que estos hallazgos podrían explicar por qué las personas que comen menos productos animales suelen tener mejores indicadores de salud.
Aun así, advierten que todo se probó solo en ratones, no en humanos, así que falta mucho para afirmar que funciona igual en nosotros.
Los estudios en animales sirven para entender mecanismos que no se pueden probar directamente en personas por cuestiones éticas o de seguridad.
La investigación también analizó dónde se quemaba esa energía extra dentro del cuerpo de los ratones y encontraron que ocurría en la grasa beige.
La grasa beige es un tipo de tejido que tenemos bajo la piel y que puede activarse tanto por frío como por ciertos cambios en la dieta.
La grasa beige respondió igual a la dieta baja en los aminoácidos que al frío, lo que sugiere que este tejido solo necesita una señal clara para ponerse en acción.
El equipo cree que este hallazgo podría abrir puertas para nuevos tratamientos contra la obesidad que aumenten el gasto energético sin exigir grandes esfuerzos.
También mencionan que podrían desarrollarse alimentos funcionales bajos en metionina y cisteína para estimular este tipo de respuesta en el cuerpo.
Incluso plantean estudiar si pacientes que usan medicamentos como Wegovy perderían más peso si adoptan una dieta sin proteínas animales.




