Científicos asombrados tras descubrir una planta que se creía extinta desde hace 60 años

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Científicos asombrados tras descubrir una planta que se creía extinta desde hace 60 años

Credit: Photographs by Aaron Bean, DOI: 10.1071/BT25063

Una planta que llevaba casi 60 años desaparecida acaba de reaparecer en una de las zonas más remotas de Australia.

El hallazgo empezó de una forma muy simple: un observador atento, una cámara de celular y una aplicación de ciencia ciudadana.

Aaron Bean trabajaba marcando aves en una enorme propiedad rural del norte de Queensland cuando notó una planta que le pareció rara.

Bean, que además es horticultor profesional, le tomó fotos y las subió después a iNaturalist, cuando volvió a tener señal.

Ese gesto aparentemente pequeño activó una cadena de eventos extraordinaria. Entre quienes vieron las imágenes estaba Anthony Bean, botánico del Herbario de Queensland.

Anthony reconoció de inmediato la planta como Ptilotus senarius, una especie que muchos creían extinta y que no se registraba desde los años sesenta.

Lo curioso es que él mismo había descrito formalmente esa especie una década antes, así que sabía muy bien lo que estaba viendo.

Thomas Mesaglio, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, escribió sobre este redescubrimiento en Australian Journal of Botany.

Según Mesaglio, todo fue una mezcla de suerte, observación y oportunidad. Alguien correcto miró la planta correcta en el lugar correcto.

Ptilotus senarius es un arbusto delicado, de tallos finos y flores rosadas púrpuras que parecen fuegos artificiales con plumas.

Crece solo en una franja estrecha de terreno accidentado cerca del golfo de Carpentaria, una región difícil de explorar con frecuencia.

La última vez que alguien había recolectado esta planta fue en 1967. Desde entonces, se pensaba que quizá había desaparecido.

Gracias a las fotos, la identificación del botánico y la ayuda del dueño del terreno, se pudo recolectar un espécimen y confirmar su supervivencia.

Ahora la especie fue clasificada como críticamente amenazada, lo que abre la puerta a esfuerzos concretos para protegerla.

El caso muestra algo cada vez más importante en ciencia: personas comunes pueden hacer observaciones que cambian lo que sabemos sobre la naturaleza.

Plataformas como iNaturalist permiten que millones de usuarios suban fotos de plantas, animales, hongos e insectos que encuentran en su entorno.

Hoy iNaturalist reúne casi 300 millones de observaciones hechas por unos cuatro millones de usuarios, con registros de más de medio millón de especies.

Para los científicos, ese volumen de datos es muy valioso, especialmente en países enormes y ecológicamente diversos como Australia.

Ningún equipo de investigación puede revisar cada quebrada, campo, bosque o propiedad privada por su cuenta.

Además, cerca de un tercio de Australia está en manos privadas, lo que limita el acceso de los investigadores a muchas zonas.

Pero si un propietario o alguien autorizado observa y documenta especies allí, de pronto se abre una ventana científica completamente nueva.

Por eso algunos proyectos ya buscan involucrar más a los dueños de tierras en el registro de biodiversidad.

En Nueva Gales del Sur, el proyecto Land Libraries entrega herramientas y entrenamiento para documentar especies en propiedades privadas.

Mesaglio cree que esto no solo ayuda a la ciencia, sino que también conecta más a las personas con la vida silvestre cercana.

Cuando alguien conoce mejor la biodiversidad de su terreno, es más probable que quiera cuidarla y protegerla.

Eso sí, no basta con tomar cualquier foto. Para identificar bien una especie, conviene registrar la mayor cantidad posible de detalles.

Una sola imagen de una flor puede quedarse corta. Ayuda fotografiar la planta completa, las hojas, la corteza y el ambiente alrededor.

También sirven datos que la cámara no capta, como tipo de suelo, olor, plantas vecinas o presencia de polinizadores.

Mientras más contexto tenga una observación, más útil puede ser para científicos actuales y para investigaciones futuras.