Ceres parece un mundo frío, rocoso y muerto. Pero hace miles de millones de años, pudo haber tenido un interior cálido… y vida.
Sam Courville, de la Universidad Estatal de Arizona, no afirma que haya habido vida ahí. Pero dice que el ambiente de Ceres sí podría haberla permitido.
Ya se sabía que Ceres tiene hielo y moléculas orgánicas, dos ingredientes clave para la vida. Esta vez, los investigadores se enfocaron en otra pregunta: ¿qué habría comido esa vida?
Pensaron en microbios como los que viven en las profundidades del océano aquí en la Tierra, donde no hay luz ni plantas, solo rocas calientes y sustancias químicas.
Esos microbios terrestres no comen otros organismos. Obtienen energía directamente de reacciones químicas, algo que también podría haber ocurrido en los antiguos océanos de Ceres.
El equipo creó un modelo por computadora de cómo era Ceres entre 500 millones y 2 mil millones de años después de su formación.
Descubrieron que cerca del núcleo caliente, podrían haberse liberado fluidos que luego se mezclaban con agua fría en los océanos del planeta.
Esa mezcla habría generado las moléculas necesarias para alimentar microbios, como si fuera una sopa química subterránea.
Amanda Hendrix, del Instituto de Ciencia Planetaria, dice que si buscamos señales de vida, hay que mirar mundos como Ceres: fríos por fuera, pero con agua por dentro.
Lo más interesante es que esto no se limitaría solo a Ceres. Otros objetos de hielo del mismo tamaño también podrían haber sido habitables alguna vez.
Joe O’Rourke, del mismo equipo en Arizona, dice que si Ceres fue habitable, es probable que decenas de asteroides o lunas también lo hayan sido.
Y si aún conservan calor interno, tal vez lo sigan siendo hoy.
Según Courville, la habitabilidad podría ser una consecuencia natural de juntar los ingredientes adecuados, que además son comunes en el sistema solar.
Eso sí, todavía hay muchas preguntas sin responder. Por ejemplo, los minerales en la superficie de Ceres podrían revelar más, si logramos analizarlos.
Algunos de esos minerales incluso podrían haber llegado desde el subsuelo, empujados por flujos internos.
Pero ningún explorador ha aterrizado en Ceres para estudiarlos directamente. Y por ahora, todo lo que tenemos son datos orbitando desde lejos.
El estudio completo fue publicado en la revista científica Science Advances. Y deja claro que el universo aún guarda secretos muy cerca de casa.





