Estudiar la luz de las estrellas permite saber su temperatura, de qué están hechas y cuántos años tienen, pero a veces esa información no cuadra hasta que consideras posibles episodios violentos.
Eso pasa con la compañera del sistema Gaia BH2, una gigante roja que muestra señales químicas de estrellas muy antiguas aunque, sorprendentemente, su edad real resulta ser mucho más joven.
La estrella está llena de elementos alfa, que suelen aparecer en astros formados cuando el Universo era joven, así que uno pensaría que debería tener unos diez mil millones de años.
Pero cuando astrónomos de la Universidad de Hawái analizaron las vibraciones internas usando el satélite TESS de la NASA, descubrieron que la estrella tiene apenas cinco mil millones de años.
Daniel Hey, autor principal del estudio publicado en The Astrophysical Journal, explicó que estas estrellas jóvenes y ricas en elementos antiguos son raras y casi siempre indican una historia complicada.
La técnica que usaron se llama asterosismología y funciona como la sismología terrestre, porque mide pequeños temblores que hacen variar ligeramente el brillo de la estrella estudiada.
Esas vibraciones dejan ver lo que pasa dentro del astro, así que el equipo pudo estimar con mucha precisión las propiedades internas del núcleo de esta gigante roja.
Otro dato clave es su rotación, porque observaciones desde tierra muestran que gira una vez cada 398 días, lo cual es demasiado rápido para una estrella aislada de su edad.
En teoría, las estrellas se van frenando con los años porque pierden momento angular, por eso la velocidad actual de esta gigante señala que algo la aceleró sin duda alguna.
El estudio propone dos posibilidades, ya sea que la estrella se fusionó con otra en el pasado o absorbió material cuando el antiguo compañero colapsó formando el agujero negro.
En ambos escenarios, la estrella habría recibido masa adicional y un impulso de giro que explicaría tanto la química rara como la rotación exageradamente rápida observada ahora.
Gaia BH2 es un sistema con un agujero negro inactivo, ya que no está arrancando material de su compañera y por eso no emite los típicos rayos X asociados a estos objetos.
Estos sistemas se identifican gracias a las mediciones precisas de movimiento estelar hechas por la misión Gaia, que detecta pequeños tambaleos producidos por la gravedad del agujero negro.
El equipo también revisó Gaia BH3, otro sistema similar donde esperaban ver oscilaciones claras pero no encontraron ninguna, lo que implica que los modelos actuales necesitan ajustes importantes.
Observaciones futuras con TESS podrían confirmar la idea de la fusión y ayudar a descubrir si otros compañeros de agujeros negros inactivos esconden historias igual de intensas y complicadas.
Estos sistemas silenciosos repartidos por la galaxia quizá guardan señales de choques estelares que otros agujeros negros más activos habrían borrado, volviéndolos auténticas cápsulas del tiempo cósmico.





