Un grupo de astrónomos logró algo increíble: tomó una imagen directa de un planeta recién nacido. Esto no pasa seguido porque el polvo de los discos protoplanetarios lo suele ocultar todo.
Estos discos, hechos de gas y polvo, rodean a las estrellas jóvenes y son donde se forman los planetas. Pero no duran para siempre: el material se evapora o acaba formando planetas.
En el sistema binario HD 135344 AB, a unos 440 años luz, pasa algo curioso. La estrella A ya perdió su disco; la B todavía lo conserva. Eso permite ver cosas que antes no se podían.
El estudio, publicado en Astronomy and Astrophysics, lo lideró Tomas Stolker, profesor en el Observatorio de Leiden. Usaron el telescopio VLT con su instrumento SPHERE.
La estrella A, de tipo A, quedó «desnuda», sin polvo alrededor. Nadie le prestaba atención porque ya no tenía disco. Pero eso mismo la convirtió en un blanco ideal para buscar planetas.
Después de cuatro años de observaciones pacientes, encontraron un planeta: HD 135344 Ab. Tiene unas 10 veces la masa de Júpiter y orbita a una distancia de 15 a 20 unidades astronómicas.
Lo captaron justo a tiempo. Si lo intentaban unos años más tarde, estaría demasiado cerca de la estrella y habría sido imposible de ver con el SPHERE.

Este planeta es joven, no pasa de los 12 millones de años. Es uno de los más jóvenes detectados por imagen directa. Además, está justo donde se espera que se formen gigantes: cerca de la línea de nieve.
Ahí, sustancias como agua o metano están en forma sólida. Eso hace que el polvo se una más fácilmente y empiece a formar planetas grandes como este.
La estrella B, en cambio, sigue con su disco. Tiene una cavidad central, sombras variables y brazos en espiral: señales de que hay planetas formándose adentro, aunque no se puedan ver aún.
El descubrimiento también muestra que, en sistemas binarios, cada estrella puede evolucionar a su ritmo. Una puede ya no formar planetas, y la otra seguir en pleno proceso.
Cuando vieron el objeto por primera vez, no sabían si era un planeta o una estrella lejana. El VLT les permitió ver que se movía junto con la estrella, confirmando que sí era un planeta.
Fue clave tener datos del satélite Gaia, que ayudó a distinguir si el objeto estaba realmente en la órbita o era solo una ilusión óptica causada por otras estrellas en el fondo.
Detectar planetas tan cerca de su estrella es difícil. Pero se espera que, con el próximo paquete de datos de Gaia en 2026, se puedan encontrar más casos como este.
Y con el futuro Telescopio Extremadamente Grande, previsto para 2029, los astrónomos podrán estudiar estos planetas en detalle: su composición, su atmósfera y cómo se formaron.





