Vivir a gran altitud puede tener un impacto sorprendente en el riesgo de diabetes

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Vivir a gran altitud puede tener un impacto sorprendente en el riesgo de diabetes

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Un estudio publicado en Cell Metabolism podría haber encontrado por fin una explicación para algo que se venía observando desde hace tiempo: vivir en altura parece reducir el riesgo de diabetes.

Hasta ahora se sabía que esa relación existía, pero no estaba claro por qué. Ahora, al menos en ratones, apareció un mecanismo bastante interesante detrás del fenómeno.

El equipo estudió modelos de diabetes tipo 1 y tipo 2 en condiciones de poco oxígeno, algo parecido a lo que pasa cuando uno vive a gran altitud.

Cuando el aire tiene menos oxígeno, el cuerpo entra en un estado llamado hipoxia. En ese contexto, los investigadores vieron que el azúcar en sangre bajaba de forma llamativa.

Lo raro era que no sabían adónde se iba esa glucosa. No aparecía acumulada en los lugares habituales, como el hígado, el cerebro o los músculos.

De hecho, cuando les daban azúcar a los ratones, esta desaparecía de la sangre casi de inmediato. Y ese efecto no duraba solo un rato, sino semanas.

Incluso después de que los animales regresaban a un ambiente con niveles normales de oxígeno, el cambio seguía presente. Eso sugería que el cuerpo había sido reprogramado de alguna manera.

Para entender qué estaba pasando, el equipo usó nuevas técnicas de imagen y pruebas adicionales. Ahí apareció el verdadero protagonista de la historia: los glóbulos rojos.

Normalmente pensamos en los glóbulos rojos como simples transportadores de oxígeno. Su trabajo clásico es llevar ese gas desde los pulmones hacia los tejidos del cuerpo.

Pero aquí mostraron otra capacidad inesperada. En condiciones de poco oxígeno, los glóbulos rojos empezaron a absorber mucha más glucosa de lo habitual.

Los investigadores vieron que esa captación aumentaba unas tres veces. En otras palabras, los glóbulos rojos empezaban a comportarse como una especie de esponja de azúcar.

Eso ayudaba por dos lados. Por un lado, mejoraba la entrega de oxígeno cuando este escaseaba. Por otro, reducía el azúcar circulante en la sangre.

Y si el azúcar en sangre baja y se regula mejor, el riesgo de diabetes también disminuye. Ahí estaría una parte importante de la conexión entre altura y metabolismo.

El equipo también identificó una molécula que parece ser clave en este proceso. Esa molécula actúa sobre la hemoglobina, la proteína que transporta oxígeno en la sangre.

Lo que hace es aflojar la forma en que la hemoglobina retiene el oxígeno. Así facilita que el oxígeno llegue mejor a los tejidos cuando escasea.

Lo más llamativo es que esto no solo se vio como una curiosidad biológica. Los investigadores probaron un fármaco nuevo que imita los efectos de vivir en altura.

Cuando se lo dieron a ratones con diabetes tipo 1 y tipo 2, lograron revertir los niveles altos de azúcar en sangre. Eso no significa que ya exista una cura.

Sigue siendo investigación temprana y por ahora solo se ha probado en animales. Falta comprobar si este mismo mecanismo funciona igual en humanos y si puede aprovecharse con seguridad.

Aun así, el hallazgo abre una idea muy interesante: tal vez los glóbulos rojos no sean actores pasivos, sino una pieza importante en el control del metabolismo.

También podría ayudar a explicar por qué algunas poblaciones adaptadas desde hace mucho tiempo a vivir en altura, como los sherpas, no muestran exactamente el mismo patrón.

La hipótesis es que esas poblaciones tendrían adaptaciones genéticas distintas, que cambian cómo responden sus glóbulos rojos a la falta crónica de oxígeno.

Todavía queda mucho por investigar, pero este trabajo muestra que el cuerpo se adapta a la falta de oxígeno de formas mucho más complejas de lo que se pensaba.