Este microbio es come polvo marciano, produce oxígeno y podría ser una gran mascota espacial

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Este microbio es come polvo marciano, produce oxígeno y podría ser una gran mascota espacial

Chroococcidiopsis (recuadro) bajo un microscopio. (Proyecto Agua/Flickr/CC-BY-2.0, recuadro: T. Darienko/Wikimedia Commons/CC BY-SA 4.0)

Los extremófilos son los favoritos de los astrobiólogos. Sirven para entender en qué condiciones extremas puede sobrevivir la vida, pero también como herramientas que crean materiales esenciales, como oxígeno, en ambientes hostiles.

Un estudio reciente de Daniella Billi, de la Universidad de Roma Tor Vergata, publicado en Acta Astronautica, analiza un extremófilo que funciona tanto como sujeto de pruebas como herramienta biológica.

Se trata de la cianobacteria Chroococcidiopsis. Su nombre es largo, así que mejor decirle “Chroo”. Es nativa de desiertos: se ha encontrado en Asia, Norteamérica y hasta en la Antártida.

Por su resistencia, Chroo ha sido protagonista de experimentos para investigar cómo la vida podría sobrevivir en otros planetas o incluso en el espacio exterior.

Dos experimentos claves son BIOMEX y BOSS. Ambos usaron el módulo EXPOSE de la Estación Espacial Internacional para dejar a Chroo expuesta directamente a las duras condiciones del espacio.

Cada experimento duró alrededor de un año y medio. BIOMEX probó células individuales, mientras que BOSS trabajó con biopelículas, o capas de células formando una especie de escudo comunitario.

En ambos casos, la radiación ultravioleta fue el mayor asesino celular. Sin embargo, incluso una protección mínima marcó la diferencia, como polvo rocoso o capas de células sacrificadas.

Lo impresionante vino después: al regresar a la Tierra, los investigadores rehidrataron a Chroo y observaron cómo reparaba el daño en su ADN, sin aumentar las mutaciones en nuevas generaciones.

Eso significa que Chroo sobrevivió año y medio de radiación espacial directa, se recuperó y continuó funcionando como si nada hubiera pasado. Una verdadera máquina de reparación genética.

No solo en el espacio muestra su dureza. En la Tierra también soportó dosis absurdas de radiación gamma, 2400 veces más altas que las letales para un humano.

En niveles aún mayores sí murió, pero dejó biomarcadores detectables, como carotenoides. Eso lo convierte en un buen candidato para buscar rastros de vida extinta en Marte.

Otro experimento demostró que podía soportar temperaturas de hasta -80 °C, como las que podrían encontrarse en lunas heladas como Europa o Encélado, entrando en un estado vítreo reversible.

Y todavía hay más: Chroo puede crecer en suelos lunares y marcianos simulados, produciendo oxígeno solo con fotosíntesis. Incluso sobrevive al contacto con perchloratos, muy comunes en Marte.

¿Cómo lo hace? Activa genes de reparación de ADN que neutralizan el daño químico de esos compuestos, una estrategia de supervivencia que pocas formas de vida terrestre poseen.

Futuras misiones espaciales planean aprovechar estas capacidades. CyanoTechRider estudiará cómo la microgravedad afecta la reparación del ADN de Chroo. BIOSIGN probará si puede usar luz infrarroja para hacer fotosíntesis.

Ese detalle es clave: la mayoría de las plantas y cianobacterias no pueden aprovechar luz infrarroja, pero Chroo sí. Esto podría servir para entender la vida en torno a estrellas enanas rojas.

Con tantas habilidades, esta supercianobacteria se ha ganado un lugar central en la astrobiología. Quizás alguien debería darle un nombre más corto y pegajoso, para no complicarnos tanto al escribirlo.