«Navaja Suiza» neandertal fue descubierta en una cueva de Bélgica

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«Navaja Suiza» neandertal fue descubierta en una cueva de Bélgica

Las cuatro herramientas se fabricaron a partir de la misma tibia de león cavernario. (Abrams et al., Sci. Rep., 2025)

Hace 130 000 años, unos neandertales que vivían en la cueva Scladina (hoy Bélgica) usaban huesos de leones y osos cavernarios para fabricar herramientas. Sí, de los depredadores más peligrosos.

No solo hacían herramientas con esos huesos: las modificaban para usarlas en cosas distintas a su función original. O sea, reciclaban con intención y precisión.

Un estudio liderado por Grégory Abrams, de la Universidad de Gante, lo deja claro: hay huesos de león cavernario convertidos en herramientas multifuncionales. Se publicó en Scientific Reports.

Uno de esos huesos, una tibia, fue trabajado a propósito. Primero sirvió como cincel, luego lo reusaron como “retocador” para moldear otras herramientas de piedra.

Las cuatro herramientas de hueso halladas en la cueva de Scladina. La herramienta B se amplía para mostrar las cicatrices típicas del tallado de piedra o «retoque». (Abrams et al., Sci. Rep., 2025)

Esto demuestra que los neandertales no eran nada tontos. Tenían creatividad, sabían adaptarse y explotaban al máximo lo que tenían a mano.

No sabemos tanto de ellos porque vivieron hace mucho. Se extinguieron hace 40 000 años y el tiempo borró casi todo rastro, salvo lo que quedó bien escondido bajo tierra.

Por suerte, lugares como la cueva Scladina guardan capas y capas de historia. Tiene restos de ocupación humana que cubren unos 400 000 años. Casi nada.

Se encontró un pequeño trozo de piedra incrustado en uno de los huesos. (Abrams et al., Sci. Rep., 2025)

En una capa de hace 130 000 años, encontraron un montón de herramientas, sobre todo hechas de sílex, y varios huesos que sirvieron para afilarlas.

La mayoría de esos huesos eran de rupicapras, un tipo de cabra salvaje que cazaban. Pero algunos eran de oso cavernario, y ahora sabemos que otros eran de león.

Gracias a un análisis de proteínas, los científicos descubrieron que varios de esos retocadores venían de la misma tibia de león cavernario. Impresionante.

Dos de esos fragmentos encajaban entre sí. O sea, los rompieron y usaron con propósito. Uno tenía forma de cincel, claramente moldeado con precisión.

Ese hueso también estaba pulido, como por uso repetido. La forma en que brilla da pistas de cómo lo agarraban, aunque no de para qué lo usaron al principio.

Lo importante es que todo fue intencional. No era casualidad ni suerte. Los neandertales sabían bien lo que estaban haciendo al convertir esos huesos en herramientas.

No está claro si mataron al león o lo encontraron ya muerto. Pero lo usaron. Y eso habla de inteligencia y adaptación ante todo.

Vivían en un mundo donde grandes carnívoros no solo eran amenazas. También eran recursos útiles, si sabías cómo aprovecharlos.

Para los autores del estudio, este hallazgo obliga a replantear cómo veíamos la relación entre neandertales y animales salvajes.

No solo los evitaban o luchaban con ellos: también los convertían en parte de su día a día. Con utilidad práctica, y quizá hasta simbólica.

Esto cambia la imagen del neandertal como un bruto. Eran observadores, cuidadosos y sabían exprimir cada oportunidad.