Desde 2019, las señales de GPS en Europa, Groenlandia y Canadá sufren un fuerte aumento de apagones repentinos que afectan áreas enormes. El problema ha provocado fallas y un peor rendimiento en los sistemas de navegación que usan aviones y barcos para desplazarse con seguridad.
Algunas interferencias tienen una explicación conocida, como los bloqueadores de señal militares instalados en tierra. Sin embargo, muchas otras desconcertaban a los expertos. Ahora, un estudio publicado en el servidor de prepublicaciones arXiv apunta hacia un posible responsable. Según los investigadores, una constelación de satélites rusos estaría detrás de buena parte de estas interferencias al emitir desde el espacio potentes ondas de ruido de radio.
Un sospechoso
La investigación se centró en el Sistema Global de Navegación por Satélite, conocido como GNSS, del que depende el GPS. Para ello, el equipo analizó 75 días distintos en los que ocurrió al menos un episodio importante de interferencia.
Los resultados mostraron un patrón muy particular. Las interrupciones suelen durar menos de diez segundos y aparecen de manera repentina. Durante ese breve tiempo generan una especie de muro de ruido que reduce de golpe la calidad de la conexión de los receptores ubicados en tierra.
Además, la mayoría de estos eventos afecta la frecuencia GPS L1, utilizada por la aviación civil, los buques de carga y numerosos sistemas de sincronización de alta precisión. Los propios investigadores advierten que una interferencia tan potente y con un alcance continental representa un motivo de preocupación para el transporte y otros servicios que dependen de esta tecnología.
Otro detalle llamó la atención del equipo. Las interrupciones casi siempre ocurren durante el horario laboral de lunes a viernes, como si siguieran un calendario de oficina.
Constelación EKS
Para descubrir el origen del fenómeno, los científicos revisaron siete años de datos recopilados entre 2019 y 2026 por estaciones de monitoreo de GPS distribuidas en todo el mundo. Esa información reveló que la fuente debía encontrarse en el espacio, ya que enormes regiones sufrían la interferencia al mismo tiempo.
Después desarrollaron un algoritmo capaz de identificar el origen de la señal combinando mediciones de radio con catálogos de seguimiento de satélites. El sistema descartó los satélites que no podían encontrarse sobre las zonas afectadas y comparó la ubicación estimada del transmisor con las órbitas conocidas.
El resultado apuntó hacia la constelación rusa EKS, diseñada para detectar lanzamientos de misiles y que pasa gran parte del tiempo sobre el hemisferio norte. Los autores concluyen que es muy probable que estos satélites sean responsables de muchas de las interferencias registradas desde 2019.





