En los hombres, algunas células pueden perder el cromosoma Y conforme envejecen, pero un nuevo estudio sugiere que este cambio también podría relacionarse con el cáncer en tejidos del cuerpo.
Los investigadores analizaron tejidos de hombres con y sin cáncer para comprobar si la pérdida del cromosoma Y aparecía solamente dentro de los tumores aparentemente normales cercanos.
El trabajo, publicado en la revista JCI Insight, examinó 1.000 muestras de tejido pertenecientes a 405 hombres y procedentes de 11 órganos distintos de diferentes edades.
Para detectar los cromosomas, el equipo utilizó una técnica fluorescente que permite marcar el X y el Y dentro de millones de núcleos celulares de forma individual.
En total, analizaron más de 4,3 millones de núcleos y calcularon qué proporción de cada muestra mostraba señales compatibles con pérdida del cromosoma Y con bastante precisión.
El resultado mostró un patrón gradual. Los tejidos normales de hombres sin cáncer conservaban más señales del cromosoma Y que los tejidos cercanos a tumores en cada órgano.
Las células que parecían normales bajo el microscopio, pero estaban junto a un cáncer, mostraban una pérdida mayor que los tejidos de hombres sanos humano.
Los propios tumores presentaban todavía menos señales del cromosoma Y, creando una especie de progresión desde tejido sano hasta tejido claramente canceroso.
La pérdida no fue igual en todos los tipos de cáncer. Los tumores colorrectales mostraron, en promedio, una de las mayores reducciones observadas.
En 49 hombres, los investigadores pudieron comparar directamente el tumor con tejido aparentemente normal del mismo órgano ubicado justo alrededor de la lesión cancerosa.
En esos casos, los tumores mostraron una pérdida del cromosoma Y mayor que el tejido vecino, aunque ese tejido también presentaba cambios detectables.
Esto no significa que las células vecinas vayan necesariamente a convertirse en cáncer, ni que perder el cromosoma Y provoque por sí solo un tumor.
El estudio encontró una asociación, pero no puede determinar si la pérdida del cromosoma Y contribuye al cáncer o aparece como consecuencia del proceso.
La edad también complica la interpretación porque la pérdida del cromosoma Y se vuelve más común conforme los hombres envejecen, especialmente en determinadas células sanguíneas.
Sin embargo, el patrón observado cerca de los tumores no parecía explicarse únicamente por la edad, según el análisis realizado por los investigadores.
También revisaron datos de cáncer de vejiga y encontraron que la actividad de genes del cromosoma Y tendía a disminuir conforme avanzaban algunas lesiones.
Aun así, algunas comparaciones fueron pequeñas o quedaron cerca del límite estadístico, por lo que los resultados necesitan confirmación con estudios más grandes.
Los investigadores plantean una posible aplicación futura: detectar pérdida del cromosoma Y en tejido aparentemente normal obtenido durante una biopsia que haya fallado en alcanzar el tumor.
Eso podría servir como señal para investigar con más cuidado, pero el estudio no probó que esta estrategia funcione actualmente en pacientes reales.
Para saberlo, harían falta estudios que sigan a hombres durante años y midan cuántos desarrollan cáncer después de presentar esta alteración en sus tejidos.





