Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad de Brown descubrió que el clima en el norte de África fue más estable de lo que se pensaba entre hace 3.5 y 2.5 millones de años.
Durante ese período, el hemisferio norte se enfrió y Groenlandia se cubrió de hielo permanentemente, un cambio climático global bastante importante.
Hasta ahora, se creía que en esa época el norte de África se volvió mucho más seco, lo cual habría influido en la evolución de los primeros humanos.
Pero este nuevo trabajo, publicado en Science Advances, pone en duda esa idea. Los investigadores usaron una técnica distinta para analizar las lluvias antiguas: estudiaron ceras de hojas.
Las plantas producen estas ceras durante la temporada de crecimiento, o sea, en verano. Y esas ceras guardan información directa sobre cuánta lluvia hubo en ese tiempo.
Bryce Mitsunaga, quien lideró el estudio como parte de su doctorado en Brown, explicó que los ciclos de lluvia no cambiaron mucho, a pesar de los grandes cambios globales.
Estudios anteriores se basaban en polvo encontrado en sedimentos del océano, frente a la costa oeste africana. Más polvo se interpretaba como más sequía y avance del desierto.
Pero ahora los científicos analizaron las ceras de hojas en esos mismos sedimentos. Estas ceras registran la proporción de hidrógeno en el agua de lluvia que absorbieron las plantas.
La lluvia tiene dos tipos de hidrógeno: uno más liviano y otro más pesado. Cuando llueve mucho o seguido, se nota más del liviano en las ceras.
Los resultados mostraron que no hubo una gran disminución de lluvias entre el Plioceno y el Pleistoceno. Las lluvias de verano se mantuvieron bastante estables durante todo ese tiempo.
Eso significa que el aumento de polvo que vieron estudios anteriores podría explicarse por otras cosas, como cambios en los vientos, no necesariamente por una falta de agua.
Esta conclusión cambia bastante cómo entendemos el clima africano antiguo, y podría afectar lo que pensamos sobre la evolución de los primeros humanos.
Se pensaba que un clima más seco obligó a nuestros antepasados a caminar erguidos para buscar comida en zonas abiertas, pero si no hubo sequía, esa teoría pierde fuerza.
Jim Russell, profesor de la Universidad de Brown y autor principal del estudio, cree que ahora hay que investigar de nuevo cuándo y por qué África se volvió más seca.
Además, este hallazgo ayuda a entender cómo funcionaba el ciclo del agua en un clima con niveles de dióxido de carbono similares a los de hoy, pero en descenso.
Hoy ese gas está subiendo, pero comparar ambos momentos podría ayudarnos a predecir qué pasará con la lluvia en regiones como el norte de África, que ya sufren por falta de agua.





