La circulación del Atlántico que transporta enormes cantidades de calor podría ser más vulnerable de lo pensado, pero no solamente importa cuánto aumente la temperatura.
Un nuevo estudio publicado en Nature Climate Change propone que la velocidad del calentamiento puede determinar si esta circulación logra adaptarse o termina colapsando.
Los científicos analizaron la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico, conocida como AMOC, un sistema de corrientes que redistribuye calor entre los trópicos y el norte.
Durante años, muchos estudios intentaron calcular una temperatura crítica capaz de empujar a la AMOC hacia un punto de no retorno climático muy peligroso.
El problema es que quizá no exista una temperatura universal. Según las nuevas simulaciones, también importa qué tan rápido llega el planeta hasta ese calentamiento.
El equipo utilizó un modelo climático para comparar escenarios donde la concentración de dióxido de carbono aumentaba lentamente con otros donde crecía mucho más rápido globalmente.
Cuando el CO2 aumentó despacio, a 0,5 partes por millón cada año, la AMOC permaneció estable incluso con unos 5,5 grados adicionales de calentamiento global.
Pero cuando el CO2 subió cinco veces más rápido, aproximadamente al ritmo actual, el sistema comenzó a colapsar con cerca de dos grados de calentamiento.
La explicación propuesta es que el océano necesita tiempo. Si el calentamiento avanza lentamente, sus capas profundas pueden reorganizarse y compensar parte de los cambios.
Ese reajuste incluye cambios en la evaporación, el hielo marino, la salinidad y el transporte de agua, factores que pueden ayudar a estabilizar la circulación.
Con un calentamiento rápido, esas respuestas lentas no alcanzan a desarrollarse antes de que otras fuerzas debiliten suficientemente la AMOC y provoquen su transición completa.
Los investigadores describen este proceso como un punto de inflexión provocado por la velocidad, no necesariamente por superar una temperatura específica del planeta entero.
En sus simulaciones, una tasa cercana a 0,3 grados por década apareció como un nivel importante a partir del cual aumentaba el riesgo de colapso.
La tasa actual de calentamiento global ya se acerca a esa magnitud, aunque eso no significa que la AMOC vaya necesariamente a colapsar próximamente por ello.
El resultado tampoco es una predicción exacta del futuro. Proviene principalmente de simulaciones climáticas y depende de cómo el modelo representa océanos y atmósfera reales actuales.
Además, los propios investigadores reconocen que los modelos climáticos todavía presentan sesgos importantes al reproducir la estabilidad real de la circulación del Atlántico en detalle.
Aun así, el trabajo ayuda a explicar por qué distintos modelos pueden producir temperaturas de colapso tan diferentes al estudiar escenarios futuros de calentamiento global.
También cuestiona la idea de que solamente importe el máximo de temperatura alcanzado, porque dos caminos hacia el mismo calentamiento podrían producir resultados distintos.
Esto tiene implicaciones para escenarios donde la temperatura supera temporalmente un objetivo climático y luego disminuye gracias a fuertes reducciones futuras de emisiones de carbono.
Si la AMOC responde también a la rapidez del cambio, frenar el calentamiento podría reducir riesgos incluso cuando la temperatura final todavía resulte relativamente elevada.





