Descubren una neblina extrema en uno de los planetas más raros conocidos

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Descubren una neblina extrema en uno de los planetas más raros conocidos

El planeta Kepler-51d, de densidad ultrabaja, está rodeado por la capa de neblina más densa jamás encontrada en un planeta. Crédito: NASA, ESA y L. Hustak, J. Olmsted, D. Player y F. Summers (STScI).

Un estudio publicado en The Astronomical Journal analizó al extraño planeta Kepler-51d con el telescopio James Webb y encontró algo que complica todavía más el misterio.

Kepler-51d pertenece a una categoría rarísima de mundos llamados super-puff. Son planetas casi tan grandes como Saturno, pero con una masa muy pequeña, como si fueran increíblemente inflados.

De hecho, su densidad es tan baja que los científicos lo comparan con algodón de azúcar. Y eso ya lo convertía en un problema para las teorías clásicas de formación planetaria.

El sistema Kepler-51 está a unos 2.615 años luz de la Tierra, en la constelación del Cisne. Allí se conocen cuatro planetas, y al menos tres parecen ser super-puffs.

Kepler-51d es el más frío y también el menos denso de esos mundos. Eso lo vuelve especialmente interesante, porque parece reunir varias rarezas al mismo tiempo.

Normalmente, los gigantes gaseosos se forman a partir de un núcleo sólido y denso. Ese núcleo genera suficiente gravedad como para atraer y retener una enorme envoltura de gas.

Además, suelen formarse lejos de su estrella, donde hay más material disponible. Es lo que pasó con Júpiter y Saturno en nuestro propio sistema solar.

Pero Kepler-51d no encaja bien en esa historia. Parece no tener un núcleo denso claro y además orbita a una distancia parecida a la de Venus respecto al Sol.

Eso es raro porque una estrella activa, como la suya, debería haber ido barriendo poco a poco gran parte de sus gases con el viento estelar.

Una posibilidad es que el planeta se formara más lejos y luego migrara hacia adentro. Pero incluso con esa idea, siguen faltando piezas para entender cómo apareció algo así.

Para investigar mejor su atmósfera, los científicos usaron el James Webb. Como no se puede fotografiar directamente, observaron qué pasa cuando el planeta cruza delante de su estrella.

En ese momento, una pequeña parte de la luz estelar atraviesa la atmósfera del planeta antes de llegar a nosotros. Esa luz puede revelar qué moléculas hay allí.

Cada gas bloquea ciertas longitudes de onda de manera particular, como una huella digital. Si detectas ese patrón, puedes inferir la composición química de la atmósfera.

Eso era justo lo que esperaban hacer aquí. Como estos planetas son tan poco densos, los investigadores pensaban encontrar señales de elementos ligeros como hidrógeno y helio.

Antes ya se había observado a Kepler-51d con el telescopio Hubble, pero el James Webb podía mirar un rango más amplio del infrarrojo y ofrecer mucha más información.

Sin embargo, ocurrió algo frustrante. En vez de encontrar señales claras de absorción, el equipo vio una atmósfera casi completamente escondida tras una neblina extremadamente espesa.

Según los autores, esa capa sería tan densa que estaría bloqueando justamente las longitudes de onda que necesitaban observar para identificar lo que hay debajo.

La comparan con la neblina de Titán, la luna más grande de Saturno, donde hay compuestos basados en hidrocarburos como el metano, pero aquí sería muchísimo más exagerada.

De hecho, estiman que esta bruma podría extenderse casi un radio terrestre completo. Si eso se confirma, sería una de las capas de neblina más grandes vistas en un planeta.

El equipo también consideró otra explicación: que el planeta tuviera anillos inclinados y que eso lo hiciera parecer más grande y menos denso de lo que es.

Pero los datos no encajan bien con esa opción. La forma en que cambia la luz observada apunta más fácilmente a una neblina gruesa que a un sistema de anillos.

Ahora la idea es seguir observándolo en longitudes de onda todavía más largas. Eso podría ayudar a distinguir mejor si realmente hay anillos o qué materiales forman esa bruma.

También será importante comparar Kepler-51d con otros super-puffs. Otro grupo ya estudia Kepler-51b para ver si todos estos mundos comparten atmósferas tan extrañas o no.

Lo fascinante es que este planeta no solo es raro. También obliga a replantear lo que creíamos entender sobre cómo nacen y evolucionan los planetas en el universo.