Científicos identifican dos subtipos distintos de autismo en el cerebro

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Científicos identifican dos subtipos distintos de autismo en el cerebro

El autismo no se manifiesta igual en las personas. Las necesidades de apoyo, la comunicación y las experiencias pueden variar de una persona a otra.

Ahora, un equipo internacional detectó dos patrones cerebrales que podrían explicar parte de esa diversidad. El hallazgo apareció en la revista Nature Neuroscience. 

El estudio se titula “Autism subtypes identified using cross-species functional connectivity analyses”. No pretende dividir a personas autistas en dos categorías definitivas ni cerradas.

En cambio, describe dos patrones repetidos de coordinación entre regiones cerebrales. Para encontrarlos, los investigadores analizaron escáneres de personas autistas y participantes neurotípicos de conjuntos.

También revisaron veinte modelos de ratón usados para investigar características relacionadas con el autismo. Comparar especies permitió relacionar patrones cerebrales con posibles mecanismos biológicos compartidos.

El primer patrón mostró menor coordinación entre zonas cerebrales. Eso no significa que esas áreas estén desconectadas, sino que su actividad parecía sincronizarse menos en reposo.

Este patrón se relacionó con genes vinculados a las sinapsis, puntos de contacto donde las neuronas intercambian señales. Allí ocurre parte de la comunicación cerebral.

El segundo patrón mostró mayor coordinación entre regiones cerebrales. Se vinculó con genes relacionados con procesos inmunitarios y medidas ligeramente más intensas de rasgos autistas.

Pero una conexión cerebral más alta o más baja no define quién es alguien. Tampoco predice por sí sola capacidades, dificultades, personalidad, bienestar ni experiencias.

El equipo reunió escáneres de 940 niños, adolescentes y adultos autistas, además de 1.036 participantes neurotípicos. Luego comprobó resultados en grupos separados de datos.

Los patrones aparecieron de nuevo, lo que respalda que no fueron una coincidencia estadística. Aun así, cerca de una cuarta parte de participantes autistas encajó.

Eso significa que la mayoría no perteneció a ninguno de los grupos. El resultado confirma que el autismo sigue siendo muy diverso, incluso dentro de estudios cerebrales.

Por ahora, esto no reemplaza el diagnóstico clínico ni crea una prueba médica nueva. Una resonancia no permite clasificar de forma fiable a una persona.

Su utilidad está en entender por qué los apoyos o tratamientos no tienen el mismo efecto en todas las personas. Algunos perfiles podrían responder distinto.

Durante décadas, muchos estudios describieron el autismo usando conductas y necesidades de apoyo. Este trabajo añade posibles diferencias en la actividad coordinada del cerebro.

En 2025, otra investigación propuso cuatro perfiles a partir de más de 230 características conductuales. Ambos enfoques pueden complementarse, aunque miran aspectos distintos del autismo.

Uno observa cómo se expresa el autismo en la vida diaria. El otro busca señales compartidas en la actividad cerebral, sin asumir una experiencia única.

El siguiente paso será revisar muestras más amplias, edades variadas y otros métodos de medición. También deberán confirmar si estos patrones cambian durante el desarrollo.

Si los resultados se sostienen, podrían orientar investigaciones y apoyos más ajustados. La meta sería reconocer diferencias que los enfoques generales pasan por alto.

Los autores compartieron datos y herramientas para que equipos revisen el hallazgo. Esa verificación será necesaria antes de convertir estos patrones en decisiones clínicas habituales.