Científicos finalmente descubren dónde se esconde el motor magnético del Sol

Posted on
Científicos finalmente descubren dónde se esconde el motor magnético del Sol

NASA

Cada once años, el Sol cambia de polaridad magnética. En la superficie eso se nota por las manchas solares, que aparecen en latitudes medias y luego bajan hacia el ecuador dibujando una especie de mariposa.

Esas manchas son regiones más frías y oscuras, pero sobre todo son marcas visibles de actividad magnética intensa. Muchas veces están asociadas a erupciones solares que pueden afectar el entorno espacial.

Durante décadas, los astrónomos observaron ese patrón en la superficie, pero no tenían una prueba clara de dónde nacía realmente el motor magnético que organiza todo el ciclo solar.

Ahora, un equipo del New Jersey Institute of Technology presentó en Scientific Reports una de las pistas observacionales más sólidas hasta ahora sobre ese mecanismo oculto dentro del Sol.

Para llegar ahí, analizaron casi treinta años de datos de oscilaciones solares. Básicamente estudiaron cómo vibraba el Sol por dentro, usando ondas sonoras generadas por el movimiento turbulento del plasma.

Suena extraño hablar de sonido en el Sol, pero funciona como una especie de ecografía estelar. Igual que los sismólogos usan terremotos para estudiar la Tierra, aquí usan vibraciones para mirar el interior solar.

Los datos vinieron de varios instrumentos: MDI, a bordo del satélite SOHO de la NASA; HMI, en el Solar Dynamics Observatory; y también la red terrestre GONG.

Desde mediados de los años noventa, esos instrumentos han registrado pulsos del interior solar cada 45 a 60 segundos. Al juntar todo, el equipo reunió uno de los archivos más completos jamás hechos.

Con miles de millones de mediciones, pudieron rastrear cómo se mueve el plasma caliente en el interior y cómo cambian bandas de rotación más rápida o más lenta.

Y ahí apareció algo muy llamativo: esas bandas profundas también forman un patrón con forma de mariposa, parecido al que luego muestran las manchas solares en la superficie.

Eso sugiere que lo que vemos afuera sería solo la huella tardía de procesos que empiezan mucho más abajo. El verdadero origen estaría bastante hundido dentro de la estrella.

Los investigadores ubicaron la zona más probable a unos 200 mil kilómetros bajo la superficie solar. Es una profundidad enorme, equivalente más o menos a alinear dieciséis Tierras una tras otra.

Esa región se conoce como la tacoclina. Es una capa muy estrecha situada entre la zona convectiva externa, que es turbulenta, y el interior radiativo más estable.

Justo allí la velocidad de rotación cambia con fuerza, y esa diferencia genera rozamientos internos muy intensos. Esos flujos de cizalla llevan años siendo candidatos para producir el campo magnético solar.

Lo nuevo es que ahora hay evidencia observacional mucho más clara de que esa zona sí está fuertemente conectada con el ciclo solar que vemos desde fuera.

Además, los autores creen que los cambios internos cerca de la tacoclina tardan años en propagarse hacia la superficie. O sea, las manchas solares serían el resultado final de un proceso profundo y lento.

Eso importa porque el campo magnético del Sol está detrás del clima espacial. Cuando ocurren llamaradas o eyecciones de masa coronal, pueden afectar satélites, comunicaciones, GPS y hasta redes eléctricas en la Tierra.

Este trabajo todavía no permite predecir con exactitud los próximos ciclos solares, pero sí muestra que muchos modelos actuales podrían estar dejando fuera una pieza esencial del rompecabezas.

Y no solo sirve para entender nuestro Sol. Muchas otras estrellas también tienen ciclos magnéticos, así que comprender este mecanismo aquí podría ayudar a estudiar actividad estelar en toda la galaxia.

Todavía quedan muchas preguntas abiertas, pero este resultado acerca bastante a los astrónomos al lugar donde realmente parece latir el motor magnético del Sol.