En los bosques lluviosos de Uganda, científicos fueron testigos de algo que parece sacado de una historia humana: la mayor comunidad conocida de chimpancés salvajes terminó partida en dos bandos enemigos.
Lo impactante es que no hablamos de grupos vecinos que ya eran rivales, sino de animales que antes convivían, comían juntos, se acicalaban y patrullaban el territorio como una sola comunidad.
Con el tiempo, esa convivencia empezó a resquebrajarse. Lo que antes era cooperación diaria se transformó en distancia, luego en tensión, y finalmente en una violencia letal.
Los investigadores describen este caso como el primer ejemplo claro de una ruptura feroz dentro de una comunidad salvaje de chimpancés, algo parecido a una guerra civil.
Y eso importa porque los chimpancés son de nuestros parientes vivos más cercanos. Observarlos puede ayudar a entender de dónde vienen, evolutivamente, tanto la guerra como la paz.
El trabajo, publicado en la revista Science y liderado por Aaron Sandel, de la Universidad de Texas en Austin, reunió más de treinta años de observaciones en Uganda.
La historia recuerda un caso famoso de los años setenta, cuando Jane Goodall vio una división parecida en Tanzania. Pero aquel episodio dejó dudas y algunos criticaron la influencia humana.
En cambio, este nuevo caso ofrece un seguimiento mucho más largo y detallado. Aquí los científicos pudieron ver cómo la fractura surgió poco a poco dentro del propio grupo.
Los chimpancés de Ngogo, en el Parque Nacional Kibale, formaban una sola comunidad en 1995. Era un grupo enorme, de casi doscientos individuos, mucho más grande que otros conocidos.
Luego, en 2015, poco después de que cambiara el macho alfa, los investigadores notaron algo raro. Dos bloques empezaron a tomar forma dentro de la misma comunidad.
No era una simple separación temporal, como las que suelen ocurrir entre chimpancés. Esta vez, cuando ambos grupos se encontraban, no se reunían: uno huía y el otro perseguía.
Eso ocurrió claramente el 24 de junio de 2015. Después vino un periodo de seis semanas de evitación mutua, algo que los investigadores nunca habían observado antes en Ngogo.
Lo que antes era el centro del territorio común se volvió una frontera. Los machos de ambos lados comenzaron a patrullarla, como si defendieran dos países distintos.
Para 2017, la tensión ya había explotado. Aunque el grupo occidental era más pequeño, fue el que inició todos los ataques registrados contra el grupo central.
Ese mismo año, los chimpancés del oeste atacaron y dejaron gravemente herido al macho alfa del grupo central, mostrando que la división ya no era solo social.
En 2018, la ruptura se volvió total. Ya no compartían espacio, ni relaciones, ni reproducción. Las hembras y las crías de ambos bandos ni siquiera comían en la misma higuera.
Después vino lo peor. En 2021, la agresión alcanzó a las crías. Los científicos observaron directamente cómo chimpancés del oeste robaban y mataban catorce bebés del grupo central.
Entre 2018 y 2024, ese mismo bando atacó y mató, en promedio, a un macho adulto y dos crías por año, una tasa altísima para chimpancés.
Además, más de una docena de individuos del grupo central desaparecieron en circunstancias desconocidas. Muchos estaban sanos y simplemente nunca volvieron a aparecer, ni siquiera se hallaron sus cuerpos.
Los autores creen que el tamaño gigantesco del grupo pudo haber dificultado mantener vínculos estables entre tantos individuos, y que el cambio de macho alfa quizá amplificó tensiones previas.
Aun así, los investigadores advierten que todavía es pronto para afirmar exactamente por qué ocurrió esta fractura. Lo que sí muestra es que las relaciones sociales pueden romperse de forma brutal.
Y ahí está la parte más inquietante. Estos chimpancés no pelearon por religión, política o ideología. Bastaron cambios en sus relaciones cotidianas para abrir una grieta mortal dentro del grupo.
Eso no significa que los humanos estemos condenados por la biología. Pero sí recuerda que los conflictos pueden crecer desde pequeñas fracturas diarias, igual que la reconciliación también puede empezar ahí.




