Científicos abrieron una roca lunar y encontraron una enorme sorpresa

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Científicos abrieron una roca lunar y encontraron una enorme sorpresa

Cristal de azufre por Masha Milshina, Wikimedia Commons

Unas diminutas muestras lunares guardadas por más de cincuenta años terminaron revelando un secreto increíble que llevaba escondido desde los primeros días del Sistema Solar.

En puntitos de troilita recolectados por la misión Apolo 17 en 1972, los científicos encontraron material tan antiguo como la Luna, e incluso posiblemente anterior a su formación.

El investigador James Dottin, de la Universidad Brown, confesó que al ver los datos pensó que había un error, pero comprobó todo y confirmó que los resultados eran reales.

Durante las misiones Apolo, los astronautas trajeron cientos de kilos de rocas lunares, aunque algunas se guardaron selladas porque se sabía que el futuro tendría tecnología más avanzada.

Esa decisión valió la pena, porque fue precisamente una de esas muestras preservadas la que permitió a Dottin y su equipo detectar algo completamente inesperado.

Usando espectrometría de masas, analizaron el origen del azufre presente en la troilita, un mineral clave para reconstruir la historia geológica de un objeto planetario.

El azufre puede asociarse con metales, moverse entre capas internas de un cuerpo y conservar huellas isotópicas que cuentan dónde y cómo se formó ese material.

Los isótopos funcionan como códigos de barras químicos, porque sus proporciones cambian según las condiciones en las que se originó cada grano de mineral analizado.

En esta muestra del tubo 73001/2 de Apolo 17 había fragmentos de troilita que parecían de origen volcánico, así que Dottin quería revisar sus isótopos de azufre.

Una parte del material mostraba niveles un poco altos de azufre 33, algo típicamente asociado a desgasificación volcánica, lo que tenía sentido para roca volcánica lunar.

Pero otras zonas mostraban justo lo contrario: proporciones increíblemente bajas de ese isótopo, algo jamás visto en muestras lunares y difícil de explicar con procesos conocidos.

Hasta ahora se creía que el manto lunar tenía la misma firma isotópica del azufre terrestre, así que encontrar algo tan distinto rompió todas las expectativas previas.

Ese tipo de empobrecimiento solo puede formarse cuando el azufre interactúa con luz ultravioleta en una atmósfera muy delgada, lo que apunta a un origen extremadamente antiguo.

Un escenario posible es que ese azufre se formara en la Luna recién nacida, cuando estaba cubierta por un océano de magma y tenía una atmósfera primordial capaz de alterar isótopos.

El otro escenario es más llamativo: que ese azufre provenga de Theia, el planeta del tamaño de Marte que según la teoría dominante chocó con la Tierra originando la Luna.

Parte del material de Theia pudo mezclarse con la Tierra, otra parte unirse para formar la Luna y quizá algunos fragmentos conservaron firmas químicas como este azufre extraño.

Si ese azufre realmente pertenece a Theia, entonces ofrece una ventana directa a un cuerpo planetario perdido que existió antes de que la Tierra terminara de formarse.

Dottin señaló que también podría ser evidencia de un antiguo intercambio de materiales en el interior lunar, algo sorprendente porque la Luna no tiene tectónica como la Tierra.

La presencia de este azufre raro incluso podría cuestionar la idea de que la Luna se formó solo con polvo mezclado, porque habría producido una composición más uniforme.

Este misterio proviene de una sola muestra guardada en helio desde los años setenta, así que resolverlo requerirá traer más materiales de la Luna y otros cuerpos.

Sea cual sea su origen, estos granos muestran la señal de azufre más extraña encontrada en la Luna, un rastro químico que apunta directamente al nacimiento del Sistema Solar.

El estudio fue publicado en JGR Planets