Una noche de mayo parecía perfecta para un vuelo de evacuación médica en Nuevo México. Un avión Beechcraft King Air despegó desde Roswell rumbo a Ruidoso para recoger a un paciente. El recorrido apenas duraba media hora y el cielo estaba completamente despejado. Sin embargo, nunca llegó a destino. La aeronave terminó estrellándose contra una montaña y murieron sus dos pilotos y dos enfermeros.
La investigación reveló un detalle preocupante. Mientras el avión estaba en el aire, el Ejército de Estados Unidos realizaba un ejercicio para bloquear señales GPS en el campo de pruebas de White Sands. De un momento a otro, la tripulación perdió el sistema de navegación moderno y tuvo que recurrir a métodos antiguos que casi nunca utilizaba.
Una tragedia
Los pilotos, ambos muy jóvenes y con poca experiencia, solicitaron ayuda a los controladores aéreos. Pero esa noche otros aviones también sufrían fallas de GPS y el personal estaba saturado. Mientras esperaban instrucciones, el King Air se alejó de la trayectoria correcta.
Cuando la señal regresó, los pilotos optaron por aterrizar guiándose visualmente. Desde la cabina podían ver las luces del aeropuerto de Ruidoso, pero entre ellos y la pista se levantaban las montañas Capitan, completamente ocultas por la oscuridad. Sin referencias visuales, la tripulación perdió la orientación. Intentó ganar altura cuando ya era demasiado tarde. El avión impactó la ladera a toda velocidad.
Fue el primer accidente mortal en Estados Unidos relacionado con una interferencia deliberada del GPS, pero los especialistas creen que difícilmente será el último.
Guerra con drones
El problema nace del auge de la guerra con drones. Como muchos de estos aparatos dependen del GPS para encontrar sus objetivos, los ejércitos desarrollan tecnologías capaces de bloquear o engañar esas señales. La estrategia funciona contra drones enemigos, pero también afecta a aeronaves civiles que vuelan a cientos de kilómetros de distancia.
Desde 2023, pilotos comerciales han reportado interrupciones de GPS sobre Oriente Medio, el mar Negro y el mar Báltico. Estados Unidos tampoco ha quedado al margen. En los últimos meses ya se registraron cierres temporales del espacio aéreo y falsas alertas provocadas por pruebas de equipos militares.
Aunque volar sigue siendo una de las formas de transporte más seguras, los expertos advierten que la creciente dependencia del GPS puede convertirse en un problema. Cuando esa tecnología desaparece de repente, una tripulación inexperta, la presión de una emergencia y una noche sin referencias visuales pueden combinarse de la peor manera.





