Durante cuatro décadas, los astrónomos creyeron que una estructura parecía brotar desde el centro de la Vía Láctea como un gigantesco lóbulo sobre el cielo.
La llamaron lóbulo del centro galáctico y propusieron explicaciones muy distintas, desde restos de supernovas hasta antiguas erupciones del agujero negro central en tiempos remotos.
Ahora, nuevos datos indican que aquella interpretación estaba equivocada. La estructura no está en el centro galáctico y tampoco es realmente un lóbulo abierto, según investigadores.
Los resultados, publicados en la revista Astronomy & Astrophysics, muestran que se trata de un circuito cerrado mucho más cercano a la Tierra, según nuevas observaciones.
El objeto se encuentra aproximadamente a 6.520 años luz, muy por delante del centro de la galaxia, situado a unos 26.000 años luz de nosotros.
Esa distancia significa que su tamaño real es mucho menor de lo pensado y que no nació necesariamente de una erupción galáctica gigantesca en el pasado.
En realidad, parece ser una burbuja de gas formada por actividad estelar, posiblemente excavada e iluminada por varias generaciones de estrellas masivas ya desaparecidas allí.
La confusión surgió porque, desde nuestra posición, solo distinguíamos con claridad una parte del objeto en las imágenes tomadas mediante radiotelescopios desde la Tierra misma.
La zona inferior se mezcla visualmente con el plano galáctico, lleno de estrellas, polvo y nubes de gas que se superponen a distancia entre sí.
Eso hacía que la burbuja pareciera abierta y conectada con el centro, cuando en realidad estaba completa y situada bastante más cerca de nuestro sistema solar.
Para resolverlo, los investigadores usaron datos del proyecto SDSS-V Local Volume Mapper, que crea mapas detallados del gas brillante de nuestra galaxia en varias longitudes.
Una señal especialmente útil provenía del azufre ionizado, cuya luz rojiza atraviesa mejor el polvo que otras longitudes de onda más cortas dentro de la galaxia.
Gracias a esa emisión, pudieron detectar la parte inferior de la estructura y comprobar que formaba un circuito cerrado, no un lóbulo visto desde aquí.
También compararon cuánto polvo oscurecía su luz con mapas tridimensionales de polvo galáctico, lo que permitió calcular mejor la distancia correcta hasta la estructura.
La estructura es una enorme nube de hidrógeno que brilla porque recibe intensa radiación ultravioleta procedente de estrellas calientes y relativamente jóvenes en esa región.
Aunque todavía no identificaron las estrellas responsables, creen que generaciones anteriores de astros masivos pudieron vaciar la cavidad mediante potentes explosiones de supernova.
Esas explosiones empujan el gas y el polvo hacia los bordes, donde las ondas de choque pueden activar nuevos episodios de formación estelar allí.
Las estrellas recién formadas ionizan entonces el gas restante y hacen que brille, mientras los bordes parecen más luminosos vistos desde nuestra perspectiva terrestre.
La burbuja mide unos 115 años luz de diámetro y podría haberse formado mediante un proceso parecido al del conocido Bucle de Barnard en Orión cercano.
El caso demuestra que incluso estructuras famosas pueden resultar engañosas cuando observamos regiones densas, superpuestas y cubiertas de polvo dentro de nuestra galaxia desde lejos.





