Un innovador filtro de agua elimina los químicos permanentes 100 veces más rápido que el carbón

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Un innovador filtro de agua elimina los químicos permanentes 100 veces más rápido que el carbón

Un equipo internacional de científicos acaba de presentar un método récord para eliminar del agua los llamados “químicos eternos”, según un estudio publicado en la revista Advanced Materials.

Estos compuestos, conocidos como PFAS, son sustancias sintéticas creadas para repeler agua, grasa y fuego, y llevan usándose desde la década de 1940 en productos cotidianos.

Están en impermeables, sofás, sartenes antiadherentes, envases de comida, espumas contra incendios y muchos otros objetos que usamos sin pensar demasiado en su origen.

El problema es que los PFAS no se degradan fácilmente. Su estructura química es tan estable que pueden tardar miles de años en descomponerse.

Por eso hoy aparecen en el agua, el suelo, el aire e incluso dentro del cuerpo humano, algo que ya preocupa seriamente a científicos y autoridades sanitarias.

Al menos dos de estos compuestos, PFOA y PFOS, están relacionados con cáncer, enfermedades cardiovasculares, problemas de fertilidad y defectos congénitos.

Y lo más inquietante es que existen más de 12 000 variantes de PFAS todavía en el mercado, con efectos sobre la salud que en muchos casos siguen siendo desconocidos.

Hasta ahora, los métodos para retirarlos del agua son lentos, caros y generan residuos secundarios difíciles de manejar, lo que limita su uso a gran escala.

Aquí entra en juego la nueva técnica desarrollada por el equipo, que utiliza un material llamado hidróxido doble laminar, o LDH.

Este material combina capas de cobre y aluminio con nitrato, creando una estructura con una ligera carga eléctrica desequilibrada muy útil para atrapar PFAS.

Según los investigadores, este filtro captura PFAS más de mil veces mejor que otros materiales probados hasta ahora en el laboratorio.

Además, actúa con una velocidad sorprendente, eliminando grandes cantidades de estos contaminantes en minutos, unas cien veces más rápido que los filtros comerciales de carbón.

El secreto está en cómo las moléculas de PFAS, especialmente el PFOA, se adhieren con fuerza a las capas internas del material filtrante.

Cuando el filtro se satura, no se desecha sin más. El equipo lo calienta y añade carbonato de calcio para regenerarlo y poder reutilizarlo.

Ese proceso no solo limpia el filtro, sino que rompe la estructura fluorada del PFOA, destruyendo efectivamente el compuesto peligroso.

El residuo final es un material estable de flúor y calcio que puede eliminarse de forma segura en un vertedero común.

En pruebas de laboratorio, el sistema funcionó con agua contaminada de ríos, grifos domésticos y plantas de tratamiento de aguas residuales.

Aunque la tecnología todavía está en una fase temprana, los resultados han sido consistentes y muy prometedores, sobre todo para el PFOA.

Los investigadores creen que, con más desarrollo, este filtro podría integrarse fácilmente en plantas de tratamiento de agua potable y residual.

Si eso ocurre, podría cambiar de forma radical la manera en que enfrentamos la contaminación por PFAS, uno de los problemas ambientales más persistentes actuales.