Un estudio publicado en el Journal of the American Heart Association sugiere que ser más activo por la noche se asocia con peor salud cardiovascular en adultos de mediana edad y mayores.
La investigación encontró que las personas que concentran su actividad más tarde en el día tienden a mostrar indicadores cardíacos menos favorables que quienes se activan temprano.
El efecto no fue leve y apareció con más fuerza en mujeres, lo que llamó la atención de los investigadores sobre posibles diferencias biológicas y de hábitos.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó datos de más de 300 mil adultos que participan en el UK Biobank, con una edad promedio cercana a los 57 años.
El objetivo era entender cómo el cronotipo, es decir, la preferencia natural por horarios de sueño y vigilia, se relaciona con la salud del corazón.
Los participantes se clasificaron según su ritmo diario: personas claramente nocturnas, claramente madrugadoras y un grupo intermedio que no se identificaba con ninguno de los extremos.
Aproximadamente un ocho por ciento se consideró nocturno, gente que suele dormirse muy tarde y se siente más activa entrada la noche.
Cerca de una cuarta parte se describió como madrugadora, con tendencia a acostarse temprano y a concentrar su actividad desde las primeras horas del día.
El resto, la mayoría, cayó en el grupo intermedio, con horarios más flexibles o sin una preferencia clara por mañana o noche.
La salud cardiovascular se evaluó usando los criterios Life’s Essential 8 de la American Heart Association, que combinan hábitos y factores médicos.
Estos criterios consideran alimentación, actividad física, tabaquismo y calidad del sueño, además de peso corporal, colesterol, glucosa en sangre y presión arterial.
Al comparar grupos, los nocturnos mostraron un setenta y nueve por ciento más probabilidad de tener una puntuación global deficiente en salud cardiovascular.
Además, presentaron un dieciséis por ciento más riesgo de sufrir infarto o accidente cerebrovascular durante un seguimiento promedio de catorce años.
La asociación entre horarios nocturnos y peor salud del corazón fue más marcada en mujeres que en hombres, un hallazgo que merece más estudio.
Buena parte del riesgo adicional se explicó por factores de estilo de vida, especialmente consumo de nicotina y sueño insuficiente o irregular.
En contraste, quienes se identificaron como madrugadores tuvieron una menor prevalencia de puntuaciones cardiovasculares deficientes frente al grupo intermedio.
Según explicó Sina Kianersi, investigador del Brigham and Women’s Hospital y la Harvard Medical School, los nocturnos suelen vivir desalineados con su reloj biológico.
Esa desalineación ocurre cuando el reloj interno no coincide con el ciclo natural de luz y oscuridad ni con las exigencias sociales diarias.
Esto puede favorecer hábitos menos saludables, como peor dieta, más tabaquismo y patrones de sueño inadecuados, que terminan afectando al sistema cardiovascular.
Otros expertos, como Kristen Knutson de la American Heart Association, subrayan que estos riesgos no son inevitables ni están escritos en piedra.
Ajustar hábitos, mejorar el sueño y reducir conductas de riesgo puede ayudar a las personas nocturnas a proteger su corazón, incluso sin cambiar completamente su cronotipo.
Los autores recuerdan que el estudio tiene límites, como el uso de autoinformes y una muestra mayoritariamente blanca, pero aun así abre una conversación importante sobre horarios y salud.





