El gobierno británico anunció que dejará de probar irritantes de piel en animales a finales del próximo año. También espera terminar las pruebas de fuerza del Botox en ratones para 2027. Y reducirá los ensayos en perros y primates para 2030.
Este anuncio sigue la tendencia global. En abril, la FDA de EEUU presentó un plan para reemplazar pruebas animales en terapias con anticuerpos por modelos más útiles y centrados en humanos. La Comisión Europea también trabaja en una hoja de ruta para eliminar gradualmente estas pruebas en evaluaciones químicas.
Grupos defensores de animales llevan décadas pidiendo compromisos así. El problema siempre fue la falta de opciones reales. Pero los avances científicos están cambiando el panorama.
Un mal necesario
Durante miles de años, la investigación usó animales para entender cómo funcionan cuerpos y cerebros. Estos experimentos permitieron avances enormes en medicina y tecnología. Y como los reguladores exigen pruebas iniciales en animales, su uso ha sido parte del proceso para crear fármacos y dispositivos.
Países como el Reino Unido y Estados Unidos regulan este trabajo y piden licencias estrictas. Aun así, se usan millones de animales cada año. Muchos científicos preferirían evitarlos. Otros dudan de su utilidad, considerando que cerca del 95% de los tratamientos prometedores en animales nunca llega al mercado.
En las últimas décadas surgieron tecnologías que permiten modelar el cuerpo humano sin usar animales. Una de las más interesantes son los “órganos en chips”, mini órganos dentro de pequeños dispositivos plásticos. Estos chips usan mezclas de células reales y nutrientes que las mantienen vivas.
Hoy existen chips de hígado, corazón, intestino, riñón y cerebro. Ya se usan en investigación. Algunos chips cardíacos incluso viajaron al espacio para observar su comportamiento en microgravedad. La FDA utilizó chips de pulmón para evaluar vacunas contra la covid. Y chips intestinales ayudan a estudiar los efectos de la radiación.
Algunos equipos intentan conectar varios chips para crear un “cuerpo en un chip”. El proyecto avanza lento, pero sigue vivo.
En paralelo, científicos crean versiones mini de órganos y embriones en laboratorio. Estos “organoides” permiten estudiar desarrollo, funcionamiento y efectos de fármacos. Incluso pueden personalizarse usando células de un paciente. Algunos grupos han logrado organoides de fetos en desarrollo.
La llegada de la IA
La estrategia británica también resalta el potencial de la inteligencia artificial. Investigadores usan IA para analizar enormes bases de datos y encontrar vínculos entre genes, proteínas y enfermedades. Otros la usan para diseñar nuevos medicamentos.
Esos fármacos podrían probarse en humanos virtuales: modelos digitales que simulan órganos reales. Ingenieros biomédicos ya desarrollaron corazones digitales que guían cirugías en pruebas actuales.
Aun así, es poco probable eliminar por completo las pruebas animales para 2030. Organismos como la European Medicines Agency y la Organización Mundial de la Salud aún exigen muchos de estos ensayos. Y ninguna alternativa reproduce totalmente cómo reacciona un cuerpo vivo.
Por ahora. Con los avances actuales, imaginar un futuro sin pruebas animales ya no suena tan lejano.





