Las primeras etapas del Alzheimer suelen empezar con fallas silenciosas en la memoria a corto plazo que desconciertan a cualquiera.
Después llegan cambios de humor, desorientación y problemas para concentrarse que afectan tanto al paciente como a quienes lo rodean.
Con el avance de la enfermedad, muchos familiares notan algo más doloroso: la pérdida de la memoria social, cuando la persona deja de reconocer rostros queridos.
Un estudio en ratones hecho por científicos de la Universidad de Virginia y Virginia Tech buscó entender por qué ocurre ese deterioro tan específico.
Los investigadores miraron unas estructuras llamadas redes perineuronales, que envuelven ciertas neuronas y ayudan a que se comuniquen bien.
Estas redes mantienen la plasticidad en equilibrio, protegen contra el estrés oxidativo y estabilizan las conexiones sinápticas que permiten guardar recuerdos.
Cuando estas redes funcionan bien, las neuronas pueden hablar entre sí con claridad y formar memorias sin tropezar.
El equipo sospechaba que, al dañarse estas redes, la memoria social podría ser una de las primeras en caer.
Para comprobarlo, usaron ratones modificados para mostrar síntomas parecidos al Alzheimer humano.
Cuando las redes perineuronales se deterioraron en la zona CA2 del hipocampo, los ratones dejaron de recordar a otros ratones conocidos.
Lo curioso es que todavía podían aprender cosas nuevas sobre objetos, como si esa parte de la memoria siguiera intacta.
Este patrón se parece bastante a lo que viven muchas personas con Alzheimer, que primero olvidan caras antes que cosas.
Otros estudios ya habían señalado que la región CA2 es clave para la memoria social, así que el hallazgo encajaba bien.
La autora principal, Lata Chaunsali, explica que estas redes funcionan como un recubrimiento que protege justamente ese tipo de memoria tan sensible.
El grupo también quiso saber si podían evitar la pérdida de estas redes y, con eso, frenar el olvido social.
Usaron inhibidores de MMP, unas moléculas que bloquean enzimas capaces de romper proteínas de la matriz extracelular, incluidas las de las redes perineuronales.
Estos inhibidores también se investigan como posibles tratamientos contra el cáncer, pero aquí los usaron con otra meta.
Si podían mantener intactas esas redes, tal vez también podrían salvar la memoria social.
Los resultados fueron alentadores: los ratones tratados conservaron mejor sus redes perineuronales y recordaron más interacciones sociales.
Chaunsali comenta que proteger estas estructuras desde temprano marcó la diferencia en la memoria de los animales enfermos.
Sostiene que esto podría abrir un camino distinto para tratar o incluso prevenir el Alzheimer en el futuro.
Hoy más de 55 millones de personas viven con demencia, y la mayoría de los casos corresponden a Alzheimer.
Con el envejecimiento global, estas cifras podrían superar los 80 millones en la próxima década.
Los investigadores insisten en que los resultados son preliminares y necesitan mucha más comprobación.
Aunque ya existen fármacos capaces de retrasar el deterioro de estas redes, todavía falta saber si son seguros y efectivos en humanos.
El estudio completo fue publicado en Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association.





