Un grupo de investigadores logró modificar una familia de proteínas para que puedan transportar y guardar electricidad. Esta adaptación permite crear materiales conductores sostenibles, eficientes y compatibles con el cuerpo humano.
Estos nuevos materiales muestran una estabilidad enorme y se procesan sin complicaciones, lo que facilita su integración en procesos industriales donde se necesita conducción eléctrica confiable.
Construcción desde cero
El estudio estuvo liderado por Aitziber L. Cortajarena, Reyes Calvo y Maica Morant, tres científicas que dirigen líneas punteras en biotecnología y energía dentro de centros de investigación del País Vasco.
La investigación se publicó en Advanced Materials como parte del proyecto e-PROT, una iniciativa centrada en diseñar soluciones energéticas basadas en proteínas creadas en laboratorio.
Las proteínas utilizadas fueron diseñadas desde cero. Están formadas por pequeñas unidades repetidas que se ensamblan como piezas de LEGO, lo que permite construir estructuras ordenadas y muy estables.
Cada una de estas piezas mantiene la misma forma general, y al unirse crean un cuerpo mayor que puede recibir funciones específicas sin desarmarse ni perder su organización interna.
Esa arquitectura modular facilita que los científicos personalicen las proteínas según la necesidad, como si programaran materiales a medida para distintas aplicaciones tecnológicas.
En este caso, el objetivo fue conseguir que la proteína conduzca electricidad con rapidez y sin pérdidas. Para hacerlo, modificaron el ADN que contiene las instrucciones para producirla.
Los cambios introducidos favorecieron el movimiento de iones dentro del material. Ese flujo iónico es el que permite que la corriente viaje con facilidad a través de la proteína.
Gracias a esta propiedad, el equipo logró integrar estas proteínas en un dispositivo de almacenamiento energético capaz de cargar y descargar energía en tiempos reducidos.
Esta eficiencia abre la posibilidad de reemplazar materiales conductores tradicionales de baterías y supercondensadores por alternativas biológicas mucho más seguras para el cuerpo humano.
Bioelectrónica
Las proteínas conductoras resultan muy prometedoras para dispositivos bioelectrónicos como marcapasos, sensores implantables de glucosa y electrodos cerebrales usados en terapias para enfermedades neurológicas.
El avance también apunta hacia materiales energéticos que no dependan de metales pesados ni componentes tóxicos, lo que reduce riesgos ambientales y problemas de desecho.
Los resultados marcan un paso importante hacia una nueva generación de dispositivos energéticos basados en materiales sostenibles, seguros y naturalmente compatibles con tejidos vivos.
Hoy ya no parece imposible imaginar baterías hechas con componentes biodegradables capaces de integrarse en dispositivos cotidianos sin generar residuos peligrosos.
