El trastorno depresivo mayor no es simplemente sentirse triste. Es una enfermedad clínica que puede provocar desinterés, agotamiento y dificultades serias para desenvolverse bien diariamente.
Al menos una de cada diez personas en Estados Unidos lo experimentará alguna vez, y su impacto económico supera los 210 mil millones de dólares.
El problema es que la depresión mayor no aparece igual en todos. Combina factores genéticos, psicológicos y biológicos que varían muchísimo entre cada paciente afectado.
Una investigación difundida como prepublicación en medRxiv analizó si ciertos síntomas opuestos podrían revelar subtipos biológicos distintos dentro del mismo diagnóstico clínico de depresión mayor.
Actualmente, los criterios médicos oficiales consideran equivalentes síntomas contrarios. Dormir demasiado o muy poco, y subir o bajar de peso, cuentan dentro del mismo diagnóstico.
Esa forma de clasificar ayuda a estandarizar casos, pero también puede ocultar diferencias importantes y favorecer tratamientos generales que realmente no funcionan igual para todos.
Los investigadores estudiaron datos genéticos de más de 460 mil personas adultas de ascendencia europea y compararon tres grupos con combinaciones diferentes de síntomas energéticos.
El primer grupo incluía personas con sueño excesivo y aumento de peso. El segundo presentaba claramente insomnio y pérdida de peso durante los episodios depresivos.
El tercer grupo reunía casos con síntomas mezclados, sin encajar claramente en ninguno de los dos extremos. Los análisis revelaron perfiles biológicos realmente bastante diferentes.
Quienes dormían más y ganaban peso mostraban además mayor índice de masa corporal, recaídas frecuentes, síntomas más graves y más enfermedades presentes al mismo tiempo.
Ese grupo también tenía mayor relación genética con diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad coronaria, inflamación, resistencia a la insulina, síndrome metabólico y obesidad abdominal.
Además, mostró niveles menos favorables de colesterol bueno y señales compatibles con problemas para transportar grasas, controlar la glucosa y proteger las arterias del corazón.
En cambio, quienes sufrían insomnio y perdían peso mostraban asociaciones genéticas casi opuestas, incluidas menor cintura y menor riesgo de diabetes tipo 2 en promedio.
Este segundo subtipo también compartía ciertas señales genéticas con anorexia nerviosa y posiblemente con esquizofrenia, aunque esas relaciones todavía necesitan más investigación antes de confirmarse.
Los científicos encontraron veintisiete regiones concretas del ADN relacionadas con los distintos perfiles depresivos, incluyendo varias que no se habían vinculado anteriormente con esos síntomas.
También observaron diferencias en los tipos de neuronas implicadas dentro del cerebro. Un subtipo parecía relacionarse con neuronas inhibidoras y el otro con neuronas excitadoras cerebrales.
Esto no significa que el metabolismo cause directamente la depresión. Podría modificar cómo aparece mediante inflamación, sensibilidad a la insulina y respuestas corporales al estrés.
El cuerpo intenta mantener equilibrados el sueño, el apetito, el peso y la energía. Cuando ese equilibrio falla, los síntomas pueden tomar direcciones completamente opuestas.
Los resultados ayudan a explicar por qué dos personas con el mismo diagnóstico pueden necesitar enfoques diferentes, aunque todavía faltan estudios amplios y revisión independiente.
En el futuro, separar estos perfiles podría ayudar a elegir tratamientos más precisos, considerando no solo el ánimo, sino también sueño, peso, metabolismo e inflamación.
