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Tu gusto por las cebollas podría revelar algo sobre tu salud futura

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Las cebollas suelen dividir opiniones: algunas personas las aman y otras no soportan ni su olor. Ahora, una investigación encontró una asociación con la salud.

El análisis sugiere que quienes tienen predisposición a disfrutar sabor y aroma de cebolla presentan menor probabilidad de diabetes tipo dos e hipertensión arterial.

Eso no significa que comer una cebolla al día prevenga enfermedades. El estudio no demuestra una causa directa, pero propone una manera distinta de investigarlo.

El trabajo apareció en la revista BMC Medicine y reunió a un equipo internacional que buscaba entender cómo la alimentación se relaciona con enfermedades crónicas.

Estudiar nutrición es complicado porque las personas comen cosas distintas, cambian sus hábitos con el tiempo y no siempre recuerdan con precisión lo que consumen.

Además, una enfermedad puede modificar la dieta de alguien. Por ejemplo, una persona diagnosticada con diabetes quizá reduzca ciertos alimentos después de conocer su condición.

Para sortear ese problema, los científicos analizaron información genética y preferencias alimentarias de más de ciento sesenta mil participantes de una base de datos británica.

Revisaron genes relacionados con el gusto y el olfato, junto con respuestas sobre alimentos. Así encontraron cientos de vínculos entre variantes genéticas y preferencias culinarias.

Entre ajo, toronja, rábano picante, wasabi, habas o sal añadida, sobresalió una relación particular entre el gusto por la cebolla y un receptor del olfato.

Una variante del gen OR2T6 se vinculó con preferir las cebollas. Luego, los investigadores confirmaron esa relación en otro grupo independiente de personas más jóvenes.

Los genes se heredan al nacer y no cambian porque alguien enferme, haga ejercicio o modifique su menú. Así ayudan a separar causa y consecuencia.

Con esa pista, el equipo comparó la variante genética con grandes bases de salud. Encontró asociación con menor riesgo de hipertensión y diabetes tipo dos.

Este método se llama aleatorización mendeliana. Usa variantes genéticas como señales indirectas de una conducta para reducir confusiones frecuentes en los estudios sobre nutrición y alimentación.

No obstante, una preferencia genética no equivale a la cantidad de cebolla que una persona come. Tampoco prueba que este alimento explique todo el efecto.

Los autores reconocen que deben repetir el análisis en grupos grandes y diversos. Hasta entonces, nadie debería interpretar el resultado como una recomendación médica específica.

Puede que las cebollas aporten compuestos que influyan en el organismo, pero esta investigación no identifica cuál sería el mecanismo ni cuánto habría que consumir.

El objetivo no fue convertir a la cebolla en un remedio. Los científicos querían comprobar si los genes del gusto y olfato sirven como herramientas.

Por ahora, el resultado destaca una asociación entre muchas preferencias revisadas. Eso podría indicar que el método fue exigente y evitó conexiones poco sólidas.

Una dieta poco saludable contribuye a millones de muertes prematuras al año. Comprender qué alimentos influyen realmente en enfermedades ayudaría a diseñar mejores consejos de salud.

Las cebollas pueden seguir formando parte de una dieta variada, pero no sustituyen tratamientos ni controles médicos. La conclusión responsable es esperar confirmaciones antes de concluir.

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